viernes, 5 de julio de 2013

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Manejo faccioso del crimen de Samuel Malpica

Fermín Alejandro García/Cuitlatlán/La Jornada de Oriente
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A 4 días de los comicios la situación para el candidato de la coalición Puebla Unida a edil de la capital, Antonio Gali Fayad, no es nada favorable, pues las últimas estimaciones que se hicieron indican que el abanderado no tiene de su lado al grueso de los votos de los electores indecisos. Esa condición es la que motivó al gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, como una medida desesperada, a dar un manejo político y faccioso al asesinato del ex rector de la UAP, Samuel Malpica Uribe, como un recurso de última hora para intentar minar la popularidad de Enrique Agüera Ibáñez, el abanderado del PRI–PVEM.

Por eso antes de que se cumplieran las dos primeras horas posteriores al homicidio de Malpica, desde una oficina de Casa Aguayo ya se redactaba un comunicado en el cual se sentencia que dos de las tres líneas de investigación ponen bajo sospecha al grupo político de Enrique Agüera. Tales aseveraciones son un absurdo no solamente porque se carece de pruebas, sino porque nunca ha existido la capacidad de la Procuraduría General de Justicia para esclarecer con eficiencia y rapidez algún asesinato de alto impacto social.

Quienes conocimos a Samuel Malpica desde que fue un fallido rector de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), a finales de la década de los años 80, sabemos que era un personaje que dejó de manejar información importante y las denuncias que hacia contra autoridades de la institución –desde los gobiernos universitarios de José y Enrique Doger– nunca tuvieron el rigor y el sustento para realmente describir actos reales e importantes de corrupción o abusos.

En cambio era de sobra conocido su carácter irascible, intolerante y violento que lo llevó a protagonizar episodios públicos de conflicto por lo menos con cuatro parejas sentimentales que tuvo desde que el Consejo Universitario lo destituyó como rector en octubre de 1989.

Saco a colación los dos aspectos antes descritos para exponer que Malpica no era un opositor político importante en la UAP  y contra el Partido Revolucionario Institucional (PRI), por lo que suenan poco coherentes las hipótesis de que lo mataron porque tenía información sobre una red de corrupción en la Universidad Autónoma de Puebla o que había sido amenazado por la ex abogada de la institución, María Esther Gámez Rodríguez, las cuales son líneas de investigación que fijó el gobierno antes de que pasaran dos horas del homicidio en cuestión.

En particular en el caso de la ex abogada de la UAP, lo que realmente sucedió fue lo siguiente: mucha gente fue testigo –hace unos meses– que cuando terminó la relación sentimental que había entre la activista de izquierda María Eugenia Ochoa y Samuel Malpica, el segundo de ellos se dedicó a exigir a mucha gente que le retirara el saludo, la amistad, la estima y hasta la actividad laboral y política a quien había sido su compañera.

Una de esas personas a las que visitó Malpica fue a la entonces abogada de la UAP, María Esther Gámez Rodríguez, a quien le exigió que despidiera de la universidad a María Eugenia Ochoa, a lo cual la funcionaria le respondió que no había sustento jurídico para proceder contra su ex mujer y esa respuesta –que además era correcta– era la fuente de agravio que contra esta litigante sentía el ex rector.

Por lo que no hay sustento para decir que la ex abogada de la UAP lo tenía amenazado. Pero como esta mujer es parte de la planilla del candidato del PRI, Enrique Agüera, el gobierno del estado ha introducido la sospecha de que el asesinato del ex rector pudo provenir de la mala relación entre la litigante y Malpica Uribe.

Con ello el gobierno está abusando de que acabaron las campañas y ya no hay la posibilidad de que Enrique Agüera se defienda públicamente de las insinuaciones de que el homicidio de Malpica se dio por una mala relación del ex rector con el grupo político del candidato priistas.

Samuel Malpica, más allá de los defectos que muchos seres humanos tenemos y nos dificulta la convivencia, se debe reconocer que era un buen académico, un hombre de izquierda y que era un personaje comprometido con importantes causas sociales. Tal situación nos debe llevar como sociedad a exigir que se haga una correcta investigación del homicidio y que no se contamine con aspectos político–electorales.

Sin embargo, el gobierno estatal no tiene la voluntad de llevar con diligencia la investigación de la muerte de Malpica, por lo menos hasta antes del día de las votaciones, para tener una vía para golpear la imagen de Agüera en estos días en que ya terminaron las campañas.

Y es que faltando unos días para las votaciones, nadie tiene la certeza de quién va a ganar el próximo domingo. Se dice que la contienda está tan cerrada que puede haber un triunfo de cualquiera de los dos principales aspirantes, por lo cual del lado de Gali Fayad se encontró en el caso de Malpica Uribe una recurso ideal para intentar restarle apoyos populares al abanderado priista.

El gobierno de Rafael Moreno Valle buscara hacer una elección de Estado el próximo domingo para que, utilizando todos los recursos del Poder Ejecutivo, se haga ganar a los candidatos de la coalición Puebla Unida. Y como parte de esta actitud ilegal, tramposa y nada ética, se intentará usar de manera facciosa el caso del asesinato de Samuel Malpica  para buscar destruir a los oponentes del frente de partidos formados por el PAN, el PRD, el Panal y el Partido Compromiso por Puebla.

Sin importar el daño que se haga al sistema de impartición de justicia del estado de Puebla.

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