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sábado, 23 de noviembre de 2013

Arnoldo Martínez Verdugo Partido Comunista Mexicano (PCM) Wikipedia

Arnoldo Martínez Verdugo (Pericos, Mocorito, Sinaloa, 12 de enero de 1925-México, D. F., 24 de mayo de 2013) fue un político y líder de izquierda mexicano, miembro del Partido de la Revolución Democrática, exdirigente del Partido Comunista Mexicano y delPartido Socialista Unificado de México.
Originario de Sinaloa, inició desde muy joven sus actividades como obrero, primero en Sonora y posteriormente en la Ciudad de México, allí en 1946 se unió al Partido Comunista Mexicano, del que pronto se convirtió en uno de sus líderes destacados, en 1959 fue elegido miembro del Secretariado Colectivo que lo dirigía y en 1963 fue elegido Secretario General del Comité Central del Partido, cargo en el que fue ratificado sucesivamente hasta 1981.
Fue uno de los protagonistas de las negociaciones políticas que en 1978 desembocaron en la primera reforma electoral del régimen que permitió que el PCM obtuviera registro condicionado, pudiera participar en las Elecciones de 1979, donde obtuvo 18 diputados de los cuales se desempeñó como Coordinador Parlamentario.
En 1981 dirigió la disolución del Partido Comunista Mexicano y su fusión con otras fuerzas de izquiera que constituyeron el Partido Socialista Unificado de México, el cual lo postuló a la presidencia en las Elecciones de 1982. En 1985 fue secuestrado y liberado tras el pago de un rescate.
Posteriormente se unió a las fuerzas que postulaban a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la Presidencia en 1988 y luego al nacientePartido de la Revolución Democrática.
Fue diputado federal en la LIII legislatura (1985-1988) y en la LVI legislatura (1994-1997).
En la gestión de Cuauhtémoc Cárdenas como jefe de Gobierno del Distrito Federal, fungió como delegado en Coyoacán (1997-1999).
Fue Historiador y editor, en forma paralela a su actividad política, y motivado por el interés de preservar la historia de la izquierda en México, Martínez Verdugo fundó en 1982 el Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (Cemos) y dirigió las revistas Nueva Época, Oposición semanario, Memoria e impulsó la creación de otras: Historia y sociedad, El Machete, etc.
Es autor de los libros El PCM: Trayectoria y perspectivas, El Partido Comunista y la reforma política, Crisis política y alternativa comunista y fue coautor y coordinador de Historia del comunismo en México.
Fue articulista del diario El Universal.
Falleció en la Ciudad de México el 24 de mayo de 2013 a la edad de 88 años.1

VÉASE TAMBIÉN[EDITAR · EDITAR CÓDIGO]

REFERENCIAS[EDITAR · EDITAR CÓDIGO]

  1. Jump up↑ Verónica Calderón. «Muere Arnoldo Martínez Verdugo, el último líder comunista de México», El País, 24 de mayo de 2013. Consultado el 24 de mayo de 2013.

Predecesor:
Secretariado Colectivo del Partido Comunista Mexicano
Secretario General del Partido Comunista Mexicano
1963 - 1981
Sucesor:
Último Secretario General
Predecesor:
Primer Candidato
Candidato Presidencial del Partido Socialista Unificado de México
1982
Sucesor:
Único Candidato

lunes, 27 de mayo de 2013

Arnoldo Martínez Verdugo y el Partido Comunista Mexicano. Luis Ortega Morales





Arnoldo Martínez Verdugo. Mis muertos
He querido hacer un balance de mi militancia comunista. Alguna vez, concluí que había valido la pena haber pertenecido a la generación del 68, porque finalmente habíamos logrado que la democracia y la alternancia llegaran a este país. Ya se imaginarán que esto fue allá por el año 2000. En ese entonces ya estaba trabajando en el Congreso de la Unión. En otro momento, he pensado que, con una visión a largo plazo, uno ve las posibilidades de cambio. Sin duda, los gobiernos de 1968 y la terrible represión, no se comparan a los de ahora, pues tienen muchos frenos y contrapesos que han disminuido la represión, pero aún así no se vislumbra un cambio de fondo. Las posibilidades de una fuerte transformación se iniciaron con Cuauhtémoc Cárdenas y continuaron más precisas con Andrés Manuel López Obrador. Las posibilidades de triunfo electoral de la izquierda son obvias, pero también lo son la unidad de la derecha que hasta ahora ha tenido la capacidad de detener estos triunfos y sobre todo de atraer a los oportunistas de izquierda para que también jueguen su papel de matronas, para el aborto del triunfo de la izquierda. Los avances en sud américa, nos dan esperanzas de que es posible este cambio.
Pero en medio de esta penumbra histórica y este vaivén entre el optimismo y el pesimismo sobre un cambio verdadero, la pérdida de los camaradas es una constante. Arnoldo es otro ejemplo más de ello.


domingo, 26 de mayo de 2013

Fwd: Utopía 1255. Arnoldo. 27-V-13


Inicio del mensaje reenviado:

De: "Forumenlinea" <forum@forumenlinea.com>
Fecha: 26 de mayo de 2013 17:43:12 GMT-05:00
Para: <Undisclosed-Recipient:;>
Asunto: Utop?a 1255. Arnoldo. 27-V-13

Utopía

Arnoldo

Eduardo Ibarra Aguirre

Formado como fui por los comunistas que se agrupaban en el PCM, porque también los había sin partido y credencial, desde marzo de 1966 y hasta febrero de 1986, en que dejé de laborar en el Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista, presidido por Arnoldo Martínez Verdugo, la influencia de este singular dirigente político fue determinante para bien y para mal, muchísimo más para lo primero que lo segundo, en mi persona.
Aclaro lo anterior no porque piense aprovechar el fallecimiento del "sabio del comunismo mexicano" (Porfirio Muñoz Ledo dixit) para platicar sobre nuestra relación política, profesional y familiar, lo que haré en el segundo volumen de Remembranzas, sino para ilustrar las dificultades para redactar estas líneas.
Siempre puse como ejemplo a Arnoldo del político mexicano que sabe retirarse a tiempo y emprender con entusiasmo otras tareas más fructíferas como el rescate de la memoria de las izquierdas, paradójicamente en un lento proceso personal de pérdida de la propia. La adicción a puestos de elección popular, partidistas y sociales permite encontrar a destacadas figuras en cargos de segunda y tercera líneas como si de verdad tuvieran necesidad de un ingreso pecuniario. La lección del otrora obrero de la industria del papel y pintor es invaluable, como también la brindó el querido Valentín Campa.
Arnoldo rendía culto al enunciado que postula que el hombre (y la mujer) entre más viejo más chingón y más humilde. La sencillez me recuerda el asombro de uno de sus partidarios: "¿El secretario general del Partido Comunista Mexicano haciendo fila en la tortillería?"
Una ruptura con la ideología de la Revolución mexicana, a partir de 1960 al postular la necesidad de una nueva revolución, misma que poco tiene que ver con empuñar las armas y mucho con la construcción de otra dirección política e institucional, de un nuevo rumbo para México, es de las aportaciones centrales del pensamiento del nativo de Pericos, Mocorito, Sinaloa, y con frecuencia ausente en los discursos y artículos de homenaje. Otros prefieren llamarla independencia respecto del poder político. Como también la diseñó cuidadosamente frente a los partidos comunistas de la Unión Soviética y de China.
Junto a aquella ruptura ideológica, contradictoria y sin suficientes consecuencias políticas en el presente, destacan sobremanera los esfuerzos  para articular a la libertad política en particular, y la democracia en general como parte consustancial del camino mexicano al socialismo en los 60 y 80 del siglo pasado. En términos de Andrés Manuel López Obrador eso se llama "primero optar, en momentos no tan propicios, por la vía electoral (…) él es un precursor de esta convicción de buscar transformar a México por la vía pacífica y electoral".
Y la convergencia de las izquierdas por el camino de la unidad en la acción y tras un salto de calidad hasta la casi una década de políticas de fusiones orgánicas (PCM, PSUM, PMS, PRD) como política de gran aliento, es otra de las mayores herencias del arquitecto más talentoso, ya dije que sencillo, pero falta añadir tolerante y además coherente, hasta donde la política lo permite, de la segunda mitad del siglo XX.
Físicamente hace años que Arnoldo –como le llamaban la mayoría de sus compañeros, si acaso anteponiendo camarada y muy pocos usaban Verdugo, apellido de doña Silvina, que nada tenía que ver con sus rasgos de personalidad–, y su inteligencia fueron abandonando progresivamente a los suyos. Concluye su ciclo vital pero su pensamiento, aportaciones y el ejemplo perduran en la medida que lo rescatemos y, sobre todo, lo practiquen los políticos de todos los colores y sabores, en particular las izquierdas políticas.
Acuse de recibo
"A Emilio Chuayffet le cayeron muy mal los elogios que le hizo el lunes (20) Raúl Cremoux, durante la celebración del vigésimo aniversario de Canal 22. En su discurso, Cremoux se aventó la puntada de afirmar que Chuayffet, como secretario de Educación, sólo encuentra como antecesores de su altura a Justo Sierra y Jaime Torres Bodet. Y al parecer le falló, porque dicen en el sector que ese estilito, de plano, no le gusta al titular de la SEP. ¡Ouch!" (Trascendió, Milenio, 22-V-13)… Informa el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática: "En abril de 2012, se registraron 40.9 millones de personas de seis años o más en el país usuarias de los servicios que ofrece la internet, representando aproximadamente el 40 por ciento de esta población (…) mostrando una tasa de crecimiento de 14.1 por ciento en el periodo 2006-2012"… Me preguntan si el profesor universitario e investigador Eduardo Ibarra Colado tenía parentesco conmigo, desgraciadamente no, pero con frecuencia nos confundían y optamos por agregar el apellido materno. Un día de 1983 conversamos en el stand del CEMOS, durante el Festival del PSUM, y me compartió nuestra condición de tocayos por el nombre y el apellido… Agradezco los mensajes enviados por atentos lectores con motivo del fallecimiento del abuelo de mis hijos varones.

Prolongados aplausos de adiós al líder comunista Martínez Verdugo



■ Su estatura moral llega a incomodar incluso a quienes dicen seguir su ejemplo: Recasens
Ante la probable incomodidad de algunos de los dirigentes de izquierda que acudieron al homenaje de cuerpo presente a Arnoldo Martínez Verdugo, líder histórico del comunismo mexicano, Martha Recasens dijo de su compañero de más de tres décadas, quien falleció este viernes: "es un hombre de principios; tiene una estatura moral que llega a incomodar a muchos, incluso a algunos que dicen seguir su ejemplo".
Luego de hablar de la tolerancia del dirigente al "narcisismo exacerbado de quienes se dicen ser hermanos, aunque han demostrado no serlo", y de alertar sobre "los embates del pragmatismo y del pensamiento superfluo", Recasens también planteó a los cientos de asistentes al Museo de la Ciudad de México, de cuyos balcones internos colgaban reproducciones de carteles de la campaña presidencial de Martínez Verdugo en 1982:
No le gustaban los reflectores
"A Arnoldo no le gustan los reflectores, nunca le han gustado, porque ante todo reconoce y valora profundamente que las acciones que efectivamente trascienden son resultado de un esfuerzo colectivo, de la suma de capacidades y cualidades de muchos más. Pero también ha demostrado tener el don de conducir el esfuerzo colectivo y potenciar la factibilidad de que éste arribe a buen puerto."
Martha Recasens hablaba en presente porque leía un texto inédito escrito por ella "hace unos seis u ocho años", y que ahora había sacado del cajón para compartirlo en el homenaje luctuoso.
Ahí estaban el líder moral del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, y los dirigentes nacional y del Distrito Federal de ese partido, Jesús Zambrano y Raúl Flores, respectivamente, así como otras figuras perredistas y de la izquierda de diversas generaciones, como Porfirio Muñoz Ledo, Alejandro Encinas, Pablo Gómez, Salvador Martínez della Rocca, Javier González Garza, Mara Robles, Inti Muñoz, Ifigenia Martínez, Alfonso Suárez del Real y Raúl Álvarez Garín.
También estaban el periodista Carlos Payán, director fundador de La Jornada; los historiadores Adolfo Gilly, Enrique Semo y Elvira Concheiro; el ex líder comunista Iván García Solís; el muralista Arturo García Bustos, alumno de Frida Kahlo, y Esperanza García, viuda del dirigente obrero Valentín Campa. Asistieron además militantes comunistas, como el octogenario Luis Sosa Pérez, ferrocarrilero yucateco.
Fue una ceremonia emotiva, que comenzó alrededor de las 12:30 horas, cuando al museo llegó el féretro con los restos del ex dirigente del Partido Comunista Mexicano (PCM), quien fue pieza clave de la transición democrática y de la unidad de la izquierda.
Una despedida de largos aplausos, de vivas a Arnoldo, del himno del PCM, de La Internacional, de Te quiero (Benedetti), de No nos moverán (Joan Báez), cantados por casi todos los presentes con el puño izquierdo en alto. Y también de música del trío Arco y Lira Clásica y del poema Oh, capitán, mi capitán, del escritor estadunidense Walt Whitman, leído por Martha Recasens. "Oh capitán, mi capitán:/ nuestro espantoso viaje ha terminado./ La nave ha salvado todos los escollos./ Hemos ganado el anhelado premio".
Un grupo de militantes ondeaba una bandera roja con la hoz y el martillo. "¡Camarada Arnoldo Martínez Verdugo, presente!", gritaban. "Venimos del Partido Comunista y somos militantes de Morena", dijo uno de ellos, quien portaba una cachucha blanca de ese movimiento lopezobradorista.
Aunque luego los dejaron pasar, al principio habían dosificado la entrada y varios militantes y simpatizantes no podían ingresar al museo, como doña Bertha Beatriz Guerrero, de San Vicente Chicoloapan, estado de México, quien acudía "para despedirme de mi líder". O el maestro jubilado Miguel Bustos, quien apenas supo de la muerte de Martínez Verdugo viajó desde el puerto de Veracruz.
Enmedio de vivas y cantos, la carroza y el cortejo fúnebre partieron casi en punto de las 2 de la tarde hacia la agencia funeraria donde cremarían los restos del líder político, cuyas cenizas aún no se sabe dónde serán depositadas.
■ Reconstrucción de la izquierda y no olvidar su enseñanza, el mejor homenaje, coinciden sus amigos
Ángel Bolaños Sánchez y Gabriela Romero Sánchez
Unificador de la izquierda, honesto, congruente y gran solidez de convicciones se volvieron frases comunes para referirse al legado de Arnoldo Martínez Verdugo, último dirigente del Partido Comunista Mexicano (PCM), entre quienes asistieron ayer al homenaje de cuerpo presente que el Gobierno del Distrito Federal y la delegación Tlalpan le rindieron en el Museo de la Ciudad de México.
Porfirio Muñoz Ledo, de los primeros en llegar, previo al arribo del féretro comentó que el mejor homenaje que se puede hacer a Martínez Verdugo es "la reconstrucción de la izquierda", y en esto coincidió el presidente del PRD-DF, Raúl Flores García, quien dijo que planteó al dirigente nacional del partido, Jesús Zambrano, empezar, a manera de homenaje, una ruta de reflexión y debate acerca de la izquierda, en lo que ha devenido y en cómo retomar el camino.
Maricela Contreras Julián, delegada de Tlalpan –quien montó una muestra fotográfica del líder comunista–, refirió que en enero pasado se hizo un homenaje al líder comunista en esa demarcación, y de su mensaje "yo rescataría su llamado a la unidad de la izquierda. Me parece que vienen tiempos que creíamos idos y hoy más que nunca se requiere organizarnos, dirimir las diferencias de la izquierda para poder salir adelante".
Cuauhtémoc Cárdenas convino en que la unidad de los grupos progresistas y "de todos los mexicanos que queremos un México igualitario y justo" es algo por lo que hay que continuar la lucha, "teniendo como guía el ejemplo de Arnoldo. Buscar la igualdad es la base de las ideas que hemos compartido con él".
Para Juan Luis Concheiro, militante del extinto PCM, "hay que recordar a Arnoldo reconociendo que hay diferencias entre las distintas fuerzas de la izquierda, pero con la convicción de que tenemos que marchar unidos".
Entre quienes se sucedían en las guardias de honor ante el féretro de Martínez Verdugo, los senadores Mario Delgado y Alejandro Encinas comentaron que organizarán también un homenaje en el Congreso, como legislador que fue, y el secretario general del PRD-DF, Enrique Vargas Anaya, planteó honrarle mediante una serie de festivales en la ciudad que permitan difundir su obra a las nuevas generaciones.
Carlos Payán Velver, director fundador de La Jornada, afirmó también que "el mejor homenaje es no olvidarlo; no olvidar sus enseñanzas, su honradez, su posición, y evocarlo como un comunista, político y hombre de primera".
Mara Robles Villaseñor, secretaría de Educación del DF, con un impreso en mano del 13 congreso del PCM de 1960 –que había entregado el militante del desaparecido PCM Gerardo Unzueta Lorenzana– refirió que Arnoldo y su viuda, Martha Recasens, son parte de sus recuerdos de infancia, de la Unión Nacional Infantil que ella fundó, donde "muchos nos formamos de niños en la solidaridad internacional y la lucha por la felicidad de los niños, recorriendo los países donde los menores eran tratados de manera privilegiada, como los campamentos de Cuba, la Unión Soviética y Bulgaria".
También lleva gratos recuerdos del dirigente comunista el promotor cultural Anthor López, quien llegó con Margarita Cruz para despedirlo interpretando la Canción al Partido Comunista.
Recuerda que su disco: Canciones y compañeros de vida contiene un texto de Arnoldo reconociendo su aportación en los Festivales de Oposición que organizaban los periódicos comunistas como L'unité, de Italia, L'Humanité, de Francia y el de México, que se llamaba así, Oposición. "Hicimos cuatro o cinco extraordinarios, gracias a que Arnoldo entendía la importancia del arte y de los artistas en la construcción de una fuerza política de izquierda".
"Legado de ética y congruencia"
El coordinador de los senadores del PRD, Miguel Barbosa, lamentó el deceso de Martínez Vergudo, quien –dijo– fue precursor de la apertura democrática en México y deja un profundo legado de ética y congruencia en la política nacional.
Consulte www.siclapueblanoticias.blogspot.mx

sábado, 25 de mayo de 2013

El exlíder comunista Arnoldo Martínez Verdugo fallece en el DF


Políticos de izquierda lamentaron la muerte de uno de los más prominentes líderes del comunismo durante la segunda mitad del siglo XX

Viernes, 24 de mayo de 2013 a las 20:51

Arnoldo Martínez Verdugo fue dirigente del Partido Comunista Mexicano y fundador del Partido de la Revolución Democrática (Cuartoscuro/Archivo).
Arnoldo Martínez Verdugo fue dirigente del Partido Comunista Mexicano y fundador del Partido de la Revolución Democrática (Cuartoscuro/Archivo).
(CNNMéxico) — El exlíder de la izquierda mexicana Arnoldo Martínez Verdugo falleció este viernes a los 88 años en la Ciudad de México.
Fue uno de los últimos dirigentes del movimiento comunista de la segunda mitad del siglo XX y militante del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que confirmó su fallecimiento.
Martínez Verdugo nació en 1925 en el estado noroccidental de Sinaloa, y desde su adhesión al Partido Comunista Mexicano en 1946 escaló posiciones hasta convertirse en el secretario general del Comité Central del partido de 1963 hasta 1981.
Posteriormente colaboró en la conformación del Partido Socialista Unificado de México, del cual fue candidato presidencial en las elecciones de 1988, año de la ruptura de muchos políticos con el Partido Revolucionario Institucional, que después fundaron el PRD.
“Fue uno de los pilares de esa izquierda que se unieron en una amplia plataforma de fuerzas progresistas en 1988 para impulsar la candidatura única de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y con ello dar paso a una imparable transformación democrática del país”, dijo el PRD en un comunicado en el que su presidente, Jesús Zambrano, expresó condolencias a la familia.
Andrés Manuel López Obrador, dos veces candidato presidencial de la izquierda, se sumó a los mensajes de luto a través de Twitter: “Lamento el fallecimiento de Arnoldo Martínez Verdugo, un político consecuente, ejemplo de honestidad. Un abrazo a sus familiares y amigos”, escribió.
También lo hizo el alcalde de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien dijo que enviaba su “más sentido pésame” a la viuda, Martha Recasens, y a sus familiares. El exalcalde Marcelo Ebrard dijo: “Lamento el fallecimiento de Arnoldo Martínez Verdugo, descanse en paz”.
A ellos se sumaron las condolencias de políticos, legisladores y gobernadores del PRD, Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano a través de Twitter.
El pasado 10 de enero, Martínez Verdugo recibió un homenaje por las autoridades delegacionales de Tlalpan, en la Ciudad de México, donde fue reconocido como un político clave en la unificación de la izquierda mexicana durante el siglo XX, reportó la agencia Notimex.

Martínez Verdugo: repaso de la izquierda antiestalinista


Proceso

Arnoldo Martínez Verdugo, fundador de la izquierda en México. Foto: Marco A. Cruz
Arnoldo Martínez Verdugo, fundador de la izquierda en México.
Foto: Marco A. Cruz
MÉXICO, D.F. (apro).- El 13 de septiembre de 2011, Proceso realizó una larga entrevista con Arnoldo Martínez Verdugo sin motivo aparente. Eran los días en que la izquierda mexicana, sin embargo, se extraviaba en luchas internas y la derecha en el poder lo aprovechaba ideológicamente, a medio año de las elecciones presidenciales.
Imposibilitado de sostener una conversación, la esposa del exdirigente comunista, Martha Recasens, aceptó amablemente la intermediación para abordar a fondo los temas políticos del país desde la perspectiva de un intelectual que había luchado por hacer del Partido Comunista Mexicano un organismo independiente.
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Arnoldo Martínez Verdugo fue el último dirigente del Partido Comunista Mexicano (PCM), en 1981. Al año siguiente, disuelto este instituto político, fue candidato a la Presidencia de la República por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM). En esta entrevista asegura que la izquierda mexicana luchó contra la línea dictada por la Unión Soviética y enfrentó al estalinismo. Además, hace un juicio sobre Octavio Paz, cuyo nombre se integra ya a la lista de mexicanos ilustres en los muros del Senado, y considera que sigue siendo válido hablar de izquierda y derecha. Sostiene también que en las próximas elecciones se enfrentarán ambas: la primera, con el planteamiento de cambiar la vida cualitativamente; la segunda, con su impulso entreguista y antidemocrático.
Martha Recasens, esposa de Arnoldo Martínez Verdugo, líder histórico del PCM, ha ido construyendo pacientemente la conversación electrónica con Proceso en varias etapas. Originalmente pintor, el político sufre de un mal en los ojos que le impide revisar sus papeles no obstante haber sido un incansable recopilador de documentos. Él fue fundador del Centro del Movimiento Obrero y Socialista (Cemos), donde se guarda la historia de una lucha poco conocida, la del comunismo antiestalinista que entre 1965 y 1981 le tocó encabezar.
–¿Por qué se inscribió en las líneas del Partido Comunista Mexicano (PCM)?
–Yo llego al Partido Comunista junto con un grupo de jóvenes que nos encontrábamos estudiando en la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda. Esto fue en 1946, a invitación de José Chávez Morado (nos ligamos a partir de la actividad que realizaba entonces éste). En ese momento el partido se encontraba en una situación de crisis derivada de las luchas internas, Chávez Morado mantenía una postura antisectaria y no dogmática, y tal vez al invitarnos a participar buscaba abrirle camino a las inquietudes que manifestábamos ese grupo de jóvenes que aspirábamos a continuar la tradición que había sostenido el movimiento político cultural del que él formaba parte.
“Además de estudiar en La Esmeralda, yo trabajaba en la fábrica de papel San Rafael y participaba activamente en su sindicato. Esto representó una fuente de actividad y de conocimiento en torno a las luchas obreras, así como un contacto directo con las ideas del socialismo científico.
“Al ingresar al PCM se nos incorporó al organismo en el que militaban, entre otros, Chávez Morado y su esposa Olga Costa, así como Xavier Guerrero. El contacto con estos grandes artistas que se destacaron por su vinculación con las luchas populares, y con la solidaridad internacional influyó en mi formación política.”
–A su llegada como secretario general se le considera una figura moderna, un hombre culto, sensible, siempre investigando, a lo que no estaba acostumbrado el partido.
–¿Cómo se sitúa usted mismo y cuál fue la relación con los estalinistas cuando llegó?
–Cuando llego a la dirección del partido, yo estaba más interesado en construir un movimiento lo más cercano a como yo concebía una actividad que se preocupara por corresponder a las necesidades de la lucha de clases. Se trataba de hacer una actividad positiva que no estuviera marcada por la disputa por la dirección ni por el interés de dirigir sólo a un pequeño grupo de militantes. Lo principal para mí no era quiénes iban a estar al frente, sino crear una organización que tuviera posibilidades de desarrollarse y convertirse en un movimiento político más responsable que estuviera en concordancia con las necesidades del momento.
–¿Por qué en México había que superar el burocratismo estalinista?¿Cómo fueron los enfrentamientos con los estalinistas y quiénes eran?
–De este esfuerzo no era yo el único protagonista, participamos un núcleo de compañeros que nos vinculamos durante el complicado proceso para renovar la dirección y trazar una línea política acorde. Así se pudo llevar a cabo el congreso del partido que nombró en un primer momento a una dirección colectiva y posteriormente a mí como secretario general. Debo decir que este proceso se llevó a cabo de una manera institucional, respetando las reglas y evitando la denostación de la dirección depuesta.
“En ese momento el PCM se caracterizaba por mantener una línea de escasa o nula independencia en relación con el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), lo que le impedía actuar como una fuerza política que representara realmente los intereses nacionales de un partido revolucionario sustentado en las ideas de Marx y Engels.
“Definir la postura de la dirección removida como simplemente estalinista sería simplificar en exceso un fenómeno mucho más complejo. En ese momento para nosotros lo fundamental era transformar la orientación que había sumido al Partido Comunista en una terrible crisis. Para ello se requería paciencia, espíritu de responsabilidad, y no poner en primer plano quién iba a dirigir. Lo principal estaba en agrupar a las personas incorporadas ya de alguna manera a una lucha socialista para crear ese movimiento político al que hago referencia.
“El desarrollo de una fuerza política nacional de la izquierda revolucionaria, capaz de hacerle frente con independencia y creatividad propia a los requerimientos de la lucha política era la manera de superar lo que usted llama el “burocratismo estalinista” o cualquier otra deformación presente. Sumar la inteligencia, la creatividad y la experiencia de cada vez más amplios sectores de la sociedad al esfuerzo por crear esa fuerza era para mí una necesidad imprescindible para avanzar.”
–¿Cuál fue su posición en los congresos internacionales por la paz contra los dogmatismos de la Unión Soviética?
–En la medida en que el PCM trazaba su línea política siguiendo esas directrices era inevitable que entrara en diferencias con la mayoría de los partidos que conformaban el movimiento comunista internacional, especialmente con el PCUS. No se trataba de simplemente hacer una crítica al “estalinismo”, sino principalmente de defender la independencia y la autonomía de los partidos que formábamos parte de ese movimiento. Ello significaba defender el derecho a construir una línea política propia de acuerdo con las características de la lucha política en cada país, y exigir el respeto a esa línea.
“En otras palabras, las tendencias estalinistas en el movimiento comunista internacional se expresaban en hechos concretos y éstos los refutábamos con acciones también concretas. Ejemplo de lo anterior es la posición que el PCM manifestó contra la invasión soviética a la entonces Checoslovaquia, en 1968, así como también la invasión a Afganistán en 1979. Esta posición la defendimos en todos los foros en los que pudimos participar.”
–¿Cómo fue aquel encuentro por la paz en Budapest, cuando España envió dos delegaciones, la de Líster y la de Alberti? Parece que Siqueiros apoyaba a Líster.
–Me temo que para poder hablar de Siqueiros y del papel que tuvo frente al conflicto en la delegación del Partido Comunista de España durante ese congreso necesitaría revisar mis notas, porque no tengo muy claro el orden cronológico de los acontecimientos y en este momento el problema que tengo en la vista me dificulta esto. Tal vez en otra ocasión pueda presentarse esta oportunidad.
–Tan pronto abrieron los archivos de la URSS tras la caída del bloque, usted se lanzó a revisar la documentación sobre México. ¿Qué encontró? Parece que no alcanzó a verlo todo.
–En realidad yo hice mi primera incursión en los archivos de la Internacional Comunista que estaban en la URSS mucho antes, durante algunas visitas que hice con motivo de diferentes eventos. Este ejercicio estuvo restringido a sólo algunos de los archivos de acuerdo con el criterio oficial que en ese momento prevalecía. Sin embargo, pude encontrar ahí muchos de los documentos que me han permitido “ir hilando” a lo largo de estos años la historia del PCM y del comunismo en México. Muchos de éstos fueron la base de mi trabajo publicado en el libro que yo coordiné: La historia del comunismo en México (Grijalbo, 1985). Otros los reservé para continuar mi investigación. Posteriormente, en 1996, después de la desaparición de la URSS, hice una visita a esos mismos archivos, cuando ya prácticamente todos los documentos estaban “desclasificados”. Hasta donde mi memoria alcanza, creo que revisé lo que me interesaba en ese momento; estuve ahí alrededor de 10 días y pude obtener la reproducción en microfilme de lo que más me interesó.
“En ese entonces tenía la pretensión de documentar de manera objetiva mi hipótesis sobre muchos acontecimientos en la vida del PCM. Con esos documentos podía hacerlo. Por distintas razones suspendí mi trabajo de investigación. En realidad sólo me falta sentarme a terminar de escribir. Desde luego que a estas alturas algunas personas también interesadas en la historia de la Internacional Comunista y del comunismo mexicano, han revisado esos archivos así como los que se encuentran en el acervo del Cemos y han publicado sus conclusiones desde su propia visión.
“Curiosamente, a mediados de los años ochenta, otra fuente importante para mi investigación fue el archivo de Earl Browder, representante de la Internacional Comunista y controvertido dirigente del PC de Estados Unidos. Por una casualidad, Martha, mi mujer, se enteró de que este archivo se encontraba en el centro de documentación del New York Times. En cuanto pudimos nos trasladamos a Nueva York con la finalidad de conocerlo y la esperanza de encontrar documentos relevantes. Browder había sido enviado por la Internacional Comunista a México en distintos momentos, todos ellos cruciales para el destino del PCM. Nos encontramos con la desagradable sorpresa de que por ser vacaciones de verano el centro de documentación del periódico estaba cerrado. Ya estando ahí descubrimos que, por una reglamentación local, el New York Times estaba obligado a entregar una copia de sus adquisiciones a la Biblioteca Pública de la Ciudad de Nueva York. Martha, que había vivido parte de su infancia ahí, aún recordaba la biblioteca y su funcionamiento. Efectivamente, pudimos revisar, y solicitar copia en microfilme del archivo en cuestión. En él encontré información muy valiosa para mí, que no está incluida en el libro La historia del comunismo en México, ya que éste se publicó un año antes. Es parte de lo que me queda pendiente y no sé si podré terminarlo, ya veremos.”
–Usted fundó el Cemos (Centro del Movimiento Obrero y Socialista) con la idea de dar a conocer a la izquierda productora de avanzada de una literatura periodística del movimiento obrero mexicano. ¿Qué destino tuvo?
–El Cemos se creó como una iniciativa política y cultural en 1982 con el objeto de conformar y resguardar un archivo histórico de las organizaciones del movimiento obrero socialista mexicano. El material que conforma este archivo provino de los esfuerzos por conservar la documentación original, a lo largo de los años y frente a todas las situaciones adversas que se enfrentaron. Por fortuna, casi siempre hubo en el partido una visión histórica que ha caracterizado a los comunistas. Cuando a mí me tocó, me empeñé en continuar y perfeccionar esta reunión y conservación de los documentos originales del PCM. El archivo central del PCM se complementó con los archivos de diferentes personajes y protagonistas del movimiento. El archivo del Cemos guarda una parte de la historia nacional. Ahí se depositaron los documentos de más de 60 años de actividad de la izquierda socialista, cuyos antecedentes se remontan al siglo XIX.
“Al mismo tiempo, el Cemos fue concebido como un espacio para la discusión y la difusión de las ideas, de temas históricos y de los temas de la actualidad política. En esos años se realizaron distintos seminarios y se editaron algunos libros. Al mismo tiempo se empezó a publicar un boletín bimestral o trimestral, no recuerdo con precisión, con artículos originales de autores que representaban una posición de izquierda. Este boletín, que se llamó Memoria, se transformó posteriormente en una revista mensual que yo dirigí hasta finales de 1997 y que aún perdura.
“He considerado siempre que la difusión de las ideas y el análisis de los hechos a través del trabajo editorial es una necesidad no sólo para impedir el olvido (de ahí el nombre del boletín y la revista), sino también como un instrumento para complementar y enriquecer la lucha política en cada momento. Por ello, en el curso de mi actividad política he creado y dirigido varias revistas.
“Es posible que el Cemos no haya logrado mantenerse con el mismo ímpetu con el que arrancó. Ojalá que no se pierda de vista la importancia que tiene el esfuerzo realizado por distintas generaciones de militantes, representativos de una fuerza política nacional que data de principios del siglo pasado e hizo un importante aporte al desarrollo de la lucha política democrática en México.”
–¿Cuál fue su relación con el obispo Sergio Méndez Arceo?
–Durante los años setenta, la dirección del PCM comenzó a elaborar su tesis sobre el papel de los cristianos frente al marxismo y la lucha socialista. El contacto con el obispo Méndez Arceo se dio en el marco de ese interés, que era mutuo. Me entrevisté con él en varias ocasiones en las que sostuvimos un diálogo, en mi opinión fructífero. Recuerdo como anécdota que en una ocasión él me preguntó si yo sostenía la idea de Marx de que “la religión es el opio de todos los pueblos”. Diplomáticamente, sin contestar, le reviré:
“¿Usted qué piensa?”. Él me contestó que sí.
“En esos años se habían acercado a mí algunos compañeros manifestando su inquietud porque el PCM elaborara una posición frente a los planteamientos de lo que en aquel entonces se conocía como ‘la teología de la liberación’. El resultado de esas discusiones se plasmó finalmente en una de las tesis del PCM que se aprobaron en su XIX Congreso en 1981. Estas tesis fueron el resultado de meses de discusión amplia y abierta así como de elaboración colectiva en la que participaron intelectuales y representantes del movimiento social. Lamentablemente ya no pudimos publicarlas y se han conocido poco.”
–En entrevista reciente de Rafael Rodríguez Castañeda (Proceso, 1823) con el historiador Enrique Krauze, y en el discurso posterior de éste cuando en el Senado se colocó el nombre de Octavio Paz, reivindicó al poeta como hombre de izquierda con el que la izquierda no fue capaz de dialogar. ¿Cuál es su opinión?
–Me parece que caracterizar a Octavio Paz en función de su adscripción a una u otra corriente política es un ejercicio insustancial. Lo que trasciende es el contenido de su obra y es indudable que ésta ha significado un aporte a la cultura nacional. La lectura del suplemento Plural en su primera etapa, así como posteriormente de la revista Vuelta también en su primera etapa, fue para mí un ejercicio que generalmente disfruté, aunque pudiera no coincidir con los puntos de vista ahí expresados.
“Si bien en diferentes momentos de su actividad Paz sostuvo posturas congruentes con un pensamiento democrático, para mí fue clara su posición crítica frente a la izquierda socialista en México y en el mundo, y no considero que esto sea necesariamente una contradicción. Por otro lado, una persona puede cambiar su punto de vista y también yo pienso que ha existido una derecha que puede considerarse democrática aunque hoy no se le vea por ningún lado.
“Parece ser que representantes tanto de la izquierda como de la derecha se disputan la figura de Paz, cosa que en vida debe haber alimentado su innegable narcisismo. Algo de esto es lo que recientemente ocurrió en el Senado. Considero que una figura como Octavio Paz merece el reconocimiento, otra cosa es que desde ambos ‘bandos’ se pretenda reinterpretar el pensamiento de Paz, que para mí es suficientemente claro.”
–¿Es válido hablar de izquierda y derecha?
–Yo creo que sí sigue siendo válido hablar de izquierda y de derecha porque todavía son fórmulas que corresponden a la conducta de distintos sectores de la sociedad.
“Actualmente, ante la complejidad de las fuerzas sociales, cobra más importancia concebir la connotación de ‘izquierda’ y ‘derecha’ como el resultado de una elaboración teórica que deviene en una práctica concreta.
“Lo que importa no es la denominación en sí, sino su relación con una teoría y una actuación que corresponden a intereses concretos que se expresan en la sociedad. La comprensión del significado de estos términos se complica cuando se utilizan como eslogan quitándoles todo su contenido. Algo de esto ocurre en la actualidad.”
–Cuál es esa actualidad en la izquierda.
–Tal vez es mucho lo que pudiera yo opinar sobre la situación actual de la izquierda, sin embargo me inhibe el hecho de que siempre he tenido la práctica de discutir y hacer mi crítica al interior de los partidos: PCM, PSUM, PMS y ahora PRD, pero a partir de que la dirección del PRD me sacó, sin previo aviso y sin que mediara discusión alguna, de su Consejo Nacional hace dos años, encuentro difícil proseguir con esta práctica, sin embargo esbozaré algunas consideraciones.
“Nos encontramos frente a una coyuntura electoral cuyo resultado sin duda incidirá en el destino inmediato del país. El reto que se le presenta a la izquierda pone en juego, una vez más, su responsabilidad histórica.
“Han cambiado las ‘formas’ de hacer política de la izquierda y es natural que esto ocurra, pero debe haber claridad y consecuencia con sus principios y objetivos, de otra manera me parece que sólo se contribuirá al desaliento de la ciudadanía, cansada ya de tanta simulación y engaño; el desaliento al final favorece a la derecha.
“En estos días se definirá quién va a ser el candidato de la izquierda a la Presidencia. En este ejercicio se pone en juego, en parte, la voluntad unitaria de la izquierda, pero sobra decir que la unidad no puede reducirse a ponerse de acuerdo en la distribución de cargos. Esto es una necesidad que tiene que resolverse, pero no puede limitarse sólo a esto. Se tienen que garantizar espacios permanentes y efectivos para dirimir diferencias y alcanzar acuerdos o consensos con el fin de formular una táctica común. Y si en este ejercicio se confrontan diferencias irreconciliables, pues también habrá que hacerle frente a esto. En mi opinión lo que debe existir es claridad en los principios y objetivos comunes que reflejen la aspiración al cambio y la complejidad del movimiento social democrático. Esta es una cuestión que sobrepasa las personas, los individuos; es una tarea colectiva que debe sumar las ideas y la experiencia de aquellos sectores de la sociedad que manifiestan su interés por contribuir al desarrollo democrático.
“Los representantes de la izquierda, con su ejemplo concreto, deben tener la capacidad y la voluntad de facilitar la construcción de una cultura política donde los valores de la democracia, en su sentido más amplio, y las perspectivas de la igualdad, se impongan. Se trata de convencer de que la construcción de una sociedad fundada en la igualdad, la justicia y la participación real es viable.”
–¿Por qué cambió el arte por la política?
–Sencillamente porque en la medida en que me fui compenetrando en la actividad política encontré la satisfacción a mis inquietudes intelectuales y sociales y llegué a la conclusión de que ésta requería de toda mi concentración y esfuerzo. No quiero decir que en ese momento “sacrifiqué” mi interés por la pintura, los retos que me planteó la actividad en el PCM me entusiasmaron a tal grado que no me fue difícil tomar la decisión.
–¿Podría hacer un perfil de los posibles candidatos a la Presidencia de todos los partidos?
–No quisiera entrar en esto, ya se han esbozado de sobra estos perfiles y cada partido seleccionará a su candidato de acuerdo con sus prácticas propias. Lo relevante me parece a mí es que una parte importante de la ciudadanía lo que demanda es autenticidad, veracidad, claridad y honestidad en quienes va a depositar su confianza política. Por otro lado, si bien la “alternancia” ha propiciado que se ponga más atención en las características y trayectoria personales de quienes contienden por un cargo, lo fundamental sigue siendo la propuesta política, el proyecto que estos representan. Hoy más que nunca se confrontan dos proyectos. Por un lado, el de una derecha antidemocrática, expoliadora y entreguista que ha colocado al país en una situación de retroceso democrático, donde el Estado ya no es capaz siquiera de garantizar el derecho fundamental a la vida, y por el otro, el de la izquierda o lo que debiera ser el programa de la izquierda, un programa cuyo objetivo general yo resumiría en –valiéndome de una formulación que hice hace 30 años– “cambiar la vida”, en sentido progresivo y cualitativo, de millones de mexicanos que hoy padecen la más atroz desigualdad. Está claro que el primer proyecto lo representan el PRI y el PAN, indistintamente o en alianza, ambos representan los mismos intereses, cualquiera que sean sus candidatos. En cuanto al PRD y sus aliados, estos tienen el reto de definir a su candidato de la manera más democrática posible y ser capaces de responder a la exigencia de esa parte de la sociedad que se identifica con su programa.

VAMOS A DESPEDIR AL CAMARADA ARNOLDO



VAMOS A DESPEDIR AL CAMARADA ARNOLDO A GAYOSO FELIX CUEVAS
Arnoldo Martínez Verdugo y la unidad

Adolfo Sánchez Rebolledo / La Jornada

Hay muchas y buenas razones para homenajear en vida a Arnoldo Martínez Verdugo. Algunas se han señalado en estos días: su resistencia al diktat soviético durante la invasión a Checoslovaquia en 1968; el rechazo cada vez más explícito al socialismo real como modelo universal antes de su caída final; la voluntad personal de construir desde el Partido Comunista una opción legal para impulsar la democracia en México; la humildad personal tan ajena a los protagonismos de otros dirigentes de menor estatura, en fin, su capacidad para encabezar una corriente marxista que por demasiados años fue acosada, perseguida sin miramientos y que, por supuesto, también cometió errores y tuvo debilidades.
Más allá de las diferencias o las controversias de otras épocas, la celebración de Arnoldo es, sin duda, el justo reconocimiento a una personalidad política cuya actividad deja una huella propia, una estela que vale la pena capturar para entender mejor nuestro presente. Con ese propósito, existen admirables recuentos biográficos, como el de Humberto Musacchio, retomado por Peláez en estos días, pero lo cierto es que pese a ellos subsiste una inmensa laguna en cuanto hace a la recuperación de la historia reciente de la izquierda. El extraordinario crecimiento del peso de las fuerzas progresistas en el país a partir de 1988 no se vio aparejado a un intento cualitativo de revalorar qué había ocurrido y cómo fue que se gestaron las ideas y se encauzaron los esfuerzos de varias generaciones. Junto a valiosos estudios académicos (que por fortuna no paran de salir) se echan de menos los análisis políticos, es decir, el ajuste de cuentas racional que faltaba para mirar adelante. En su lugar, reaparece de cuando en cuando la mitología heroica de los discutibles buenos tiempos pasados, pero lo peor es que muchas contribuciones liberadoras se olvidaron, sepultadas por la velocidad de los acontecimientos que marcaron, como dice Hobsbawm, el fin del siglo corto, como si el mundo que estaba por nacer del derrumbe del socialismo fuera un planeta nuevo, sin huellas del pasado, definitivo e irreformable.
Quienes han homenajeado a Martínez Verdugo en estos días se han referido, como no podía ser de otra manera, a su aportación a la unidad de la izquierda, es decir, de aquellas tendencias que aspiraban al socialismo (sea lo que esto a la fecha significara), transformando el régimen político autoritario en una democracia real. Y tienen razón, pues ninguna iniciativa tuvo en su momento los alcances y la trascendencia de una decisión que, para concretarse, hubo de articular la audacia política para negociar con otras fuerzas y el gobierno, aunada más adelante a la convicción de que el Partido Comunista, el más antiguo del país, debía disolverse libremente para dar paso, como se decía entonces, a una fuerza políticamente superior, capaz de superar críticamente a las organizaciones anteriores, cualesquiera que fueran sus títulos históricos, sus aciertos y errores del pasado o sus fidelidades doctrinarias.
A la vista de los hechos, es difícil afirmar que el PSUM logró convertirse en el partido que la sociedad esperaba. Menos aún el PMS que le sucedió. La integración orgánica resultó ser mucho más difícil en un país donde la crisis reforzaba la aparición de la oposición de derecha como la opción al PRI, cuya cutura política seguía viviendo. Pero la experiencia de la unidad sirvió para darle continuidad al proceso de constitución del gran partido que en 1989 asumió el registro originalmente ganado por el PCM. Para llegar hasta allí se habían puesto por delante los méritos de la unidad por encima de las diferencias, que no eran pocas, pues entre ellas estaba, por ejemplo, la ubicación en el nuevo ideario democrático y nacionalista del socialismo, cuya definición no podía repetir el viejo esquema cuyas ruinas habíamos visto caer en Berlín y luego en Moscú. Por desgracia, esos grandes temas ya no pasaron al debate político y fueron subsumidos por una nueva retórica, muy pragmática, sin grandes filos teóricos o propositivos. La relación entre socialismo y democracia, sencillamente, dejó de ser pertinente, aunque sigue a la espera de una reflexión colectiva a la luz de la realidad aquí y ahora.
Hoy que estamos de vuelta a la fragmentación de las fuerzas de izquierda conviene volver a revisar aquella época, sobre todo cuando la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas creó las condiciones para el surgimiento de un movimiento más abarcante que el de todas las organizaciones de la izquierda juntas. Sin duda se trata de momentos tan distintos como incomparables, y es difícil rechazar que bajo las corrientes actuales asoman partidos en ciernes, defendiendo intereses particulares, programas, estilos, pero un hecho es claro y contundente, como lo vio Arnoldo a finales de los años 70: en la lucha política siempre hay que elegir, o se actuaba en la arena electoral con todas las fuerzas disponibles o se dejaba un registro testimonial. O la izquierda socialista se sumaba al proyecto neocardenista, aportando sus mejores cuadros y experiencias, o abandonaba la escena sin dar la batalla. Bien que Morena se haga un partido fuerte y que el PRD logre consolidarse como tal, pero sería una peligrosa ilusión creer que se puede avanzar sin un planteamiento de unidad capaz de oponer a sus adversarios una fuerza superior.
Antes de concluir quisiera recordar una faceta singular de Arnoldo Martínez Verdugo que lo enaltece como figura. A él se debe el CEMOS, una institución creada con modestia para evitar, justamente, que la rica historia del PCM y otras fuerzas se pierda entre la superficialidad del debate cotidiano. Allí nació la revista Memoria. En sus archivos se conservan imágenes y documentos invaluables. En fin: felicidades, Arnoldo, y una larga vida.



Martínez Verdugo y otros recuerdos

Octavio Rodríguez Araujo / La Jornada

El reciente y merecido homenaje a Arnoldo Martínez Verdugo me llevó a recordar viejos sucesos, incluido su secuestro en 1985. Dicho secuestro fue calificado por Carlos Pereyra como actividad delictiva y una pretendida actividad política de izquierda, y añadió: Más allá de las vicisitudes anecdóticas de unos cuantos millones de pesos producto de un plagio anterior (el de Rubén Figueroa), llama la atención el desenfado de cierta cultura política para incorporar acciones delictivas como parte de la actividad política (Carlos Pereyra, Atavismos en la izquierda, La Jornada, 26/07/85).
En efecto, los militantes del Partido de los Pobres (PDLP), fundado por Lucio Cabañas, fueron comparados, y no sólo por Pereyra, con delincuentes, por haber secuestrado a uno de sus exmiembros, Félix Bautista Matías, y luego a Arnoldo, entonces dirigente del Partido Socialista Unificado de México (PSUM). Si eventualmente el PDLP de los años 80 no era el mismo de los tiempos de Cabañas, asesinado en diciembre de 1974, eso no impide constatar un hecho objetivo: que el dinero obtenido por el grupo guerrillero por el secuestro de Rubén Figueroa fue en parte entregado, en resguardo, al Partido Comunista Mexicano, y éste lo invirtió al parecer en la compra de un edificio, de algunos automóviles y gastos operativos. Acción que, a mi juicio, no fue correcta.
Algo escribí al respecto en esos meses de 1985, sobre todo polemizando con Hermann Bellinghausen y otros, pero no lo retomo ahora. Lo que me interesa destacar es la indiferencia en aquellos años de lo que había ocurrido durante la guerra suciainiciada por Gustavo Díaz Ordaz en contra de ciudadanos pacíficos que, por el hecho de protestar, fueron orillados a la insurrección armada. Este tema, vale decirlo, no es el típico dilema del huevo y la gallina. Lo primero fue la represión, lo segundo fue la reacción desesperada y defensiva de quienes se asumieron como paladines de sus compatriotas más cercanos, en ese caso del estado de Guerrero, y más particularmente del municipio de Atoyac de Álvarez. Esto es, los movimientos insurreccionales no fueron gratuitos ni producto de mentes calenturientas. Eran y son consecuencia de muchos años de agravios en contra de los pobres de México, éstos sí tratados de ordinario como delincuentes, especialmente si protestan.
Para quienes no recuerden los hechos cito a continuación a un protagonista, el exguerrillero José Arturo Gallegos Nájera (La guerrilla en Guerrero, 2004): “El año de 1967 fue el parteaguas en la historia de Guerrero por la virulencia con que se manifestaba el Estado en contra de los sectores en lucha. El 18 de mayo padres de familia de la escuela Juan N. Álvarez de Atoyac fueron masacrados cuando realizaban una asamblea para protestar contra las autoridades de la directora del plantel… Un día antes el profesor Lucio Cabañas Barrientos, destacado luchador social que gozaba de mucha simpatía entre la población, fue invitado a participar en esa asamblea… (Lucio) llegó puntual. Apenas había iniciado su discurso se escucharon disparos provenientes de las calles adyacentes y todo se volvió confuso… Aunque no se sabe toda la verdad con exactitud, lo real es que la fuerza pública abrió fuego sin mediar provocación alguna, disparando contra todo y contra todos”. Y también: “Isabel Gómez –narró Cabañas– cayó a unos cuantos pasos de mí. Mientras agonizaba, el niño que llevaba en el vientre se movía y moría con su madre” (citado por Carlos Bonilla Machorro, Ejercicio de guerrillero, 1981).
Lucio Cabañas logró escapar y resolvió tomar el camino de la subversión en la clandestinidad. De ahí surgiría el PDLP y su brazo armado la Brigada Campesina de Ajusticiamiento. No tuvo otra alternativa, como tampoco la tuvieron Genaro Vázquez, Rubén Jaramillo o, más recientemente, los indios de Chiapas.
Esos años y los siguientes fueron tiempos de represión y de insurrección. No había vías democráticas para la acción política de la oposición y la disidencia. La represión llevó a la radicalización de algunos sectores de la población, y más después del 2 de octubre de 1968. Los derechos humanos fueron violados sistemáticamente y la tortura, la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales eran el lugar común contra todos aquellos que el gobierno y sus asesores militares (Acosta Chaparro, Quiroz Hermosillo y Nazar Haro, señaladamente) consideraban enemigos de la estabilidad y del gobierno. Fueron los días en que fue detenido y desaparecido Rosendo Radilla por cantar corridos sobre Lucio Cabañas. Su caso, por cierto, sigue abierto ante diversas comisiones de derechos humanos.
Con lo anterior no estoy justificando el secuestro de mi amigo Arnoldo Martínez Verdugo, ni tampoco el de Félix Bautista, a quien no conocí. Lo que estoy tratando de decir es que los guerrilleros de entonces y de ahora no son delincuentes, y que quizá tuvieron razón en presionar al sucesor del PCM, el PSUM, para que les devolviera el dinero que le habían dado a guardar. Lo que entiendo es que nadie se movió por el secuestro de Bautista, quizá porque no era muy importante en la política, pero sí cuando el plagiado fue Arnoldo. Según las crónicas conocidas hoy, fue de tal importancia dicho secuestro que el gobierno de Miguel de la Madrid pagó el rescate de ambos, se dice que 100 millones de pesos.
            La Jornada, en agosto-septiembre de 1985, invitó a la polémica sobre el tema, sobre las cosas no habladas que urge dirimir dentro de la izquierda. La polémica fue interesante y un ejemplo de lo que ahora rara vez ocurre entre tantos temas que debieran debatirse con seriedad. Lo que se estila ahora, en el mejor de los casos, es la indirecta y, con mayor frecuencia, el insulto o el calificativo fácil en lugar del uso de argumentos. Una lástima.



Arnoldo y la Revolución mexicana

Joel Ortega Juárez / Milenio Diario

Es sintomático que alrededor de una docena de artículos homenajeando a Arnoldo Martínez Verdugo destaquen su labor unitaria en las izquierdas, su independencia ante la URSS, su compromiso democrático, pero evadan su ruptura con la ideología de la Revolución mexicana.
Durante decenios las izquierdas orbitaron en torno al Estado, la ideología y los partidos de la Revolución mexicana, fue hasta el XIII Congreso del Partido Comunista Mexicano que un grupo de cuadros medios rompieron con la antigua dirección y con la ideología de la Revolución mexicana, entre ellos estaba Arnoldo Martínez Verdugo.
Probablemente muchos antiguos militantes de las izquierdas han retornado a la vieja cultura lombardista o incluso al echeverrismo tardío y hoy enarbolan tesis del nacionalismo revolucionario y el estatismo, quizá muchos convencidos de que esa es la alternativa ante el neoliberalismo.
Una buena parte de las causas que han permitido el retorno del PRI a la Presidencia, se debe al efecto narcotizador (adormecedor) de la ideología de la Revolución mexicana.
El autoritarismo priísta se “justificaba” aduciendo que lo más importante era la justicia social y que la democracia era una aspiración de la reacción o de la clase media de ideas exóticas (comunistas y socialistas) conjuradas con los enemigos de la patria. Esa tesis la sigue usando Luis Echeverría para “explicar” el 68 y el 10 de junio de 1971.
La realidad es que la justicia social es una falacia, antes y después del neoliberalismo.
México es un país de inmensas desigualdades. Más de 50% de pobres y de ellos varios millones en pobreza extrema y en el otro polo social capitales y millonarios como Carlos Slim o Enrique Peña Nieto y su gabinete, como se puede entrever con su absurda “declaración patrimonial”.
Somos un país con peores niveles de empleo, de salario, de sistemas de seguridad social y salud, de calidad de la educación, de vivienda y de otros niveles de vida que países semejantes como Costa Rica, Uruguay, Argentina y ahora Brasil.
Ese ha sido el resultado preciso del Estado de la Revolución mexicana.
            Desde las izquierdas hace falta construir una opción de cambio genuino que  libere de  la narcotización a los trabajadores, a las clases medias y, sobre todo, a millones de jóvenes.
Arnoldo Martínez Verdugo dio un gran aporte en 1960. Hoy es conveniente retomar su aportación y acabar con el mito de la eternidad de la Revolución mexicana y recuperar la vía autónoma.



Arnoldo Martínez Verdugo

Teresa Gurza Orvañanos

 A Martha…

Frente al desprestigio, inconsecuencia, avidez y chabacanería, que son ahora patrimonio de la mayoría de los políticos y de todos los partidos, destaca más aún la personalidad de Arnoldo Martínez Verdugo; a quien con muchísima razón se llama dirigente histórico de la izquierda mexicana.
Con motivo de su 88 cumpleaños ya muchos antiguos camaradas y varios periodistas han escrito y descrito lo hecho por este hombre decente, discreto, inteligente y sencillo que dirigió durante casi 20 años (1963 a 1981) el Partido Comunista Mexicano, sin que se le subieran los humos a la cabeza y sin haber caído en ese culto a la personalidad, a que tan proclives han sido otras organizaciones de la izquierda nacional e internacional.
Sin la contribución de Arnoldo no puede entenderse la democratización de México; y fue sin duda tarea difícil, porque tuvo que empezar por disminuir el sometimiento de los comunistas mexicanos al Partido Comunista de la Unión Soviética, PCUS; lo que no era poco, en una época en que prácticamente todos los partidos latinoamericanos con excepción tal vez del dominicano, aceptaban sin chistar y hasta con complacencia, los dictados soviéticos.
Con sus tenaces compañeros de esos años, Arnoldo logró después que se reconociera el derecho de los comunistas a existir políticamente y el registro del PCM.
Fuera ya de la clandestinidad, impulsó la formación de la Coalición de Izquierda; cuyos votos en el Distrito Federal, fueron la semilla de la que germinaron los subsecuentes gobiernos perredistas.
Encabezó luego la disolución del PCM, pensando que era lo adecuado para ampliar la influencia de la izquierda que con la integración de nuevas fuerzas cristalizó en el Partido Socialista Unificado de México, PSUM, antecedente del PRD.
Es bueno recordar, porque muchos pueden ignorarlo y otros pretenden olvidarlo, que el PRD debe su registro y gran parte de sus bienes materiales, al esfuerzo de generaciones de sacrificados comunistas, que lucharon por sus ideales casi sin recursos; y sin pelear diputaciones y puestos, poder y dinero, como actualmente sucede.
Característica de la dirigencia de Arnoldo fue la suma y no la división; y de su personalidad, el no haberse sentido ni caudillo ni líder; y el haberse pospuesto en beneficio del conjunto.
Sabía que con la incorporación de universitarios con más bagaje académico que la mayor parte de los antiguos militantes, estos –y él con ellos– quedarían un tanto relegados.
Pero aún sabiéndolo, luchó sin estridencias porque se les diera un lugar destacado desde el que pudieran aportar ideas y conocimientos, para hacer más viable la opción socialista; y para estar en condiciones de fundamentar su convicción de que la democracia debía abarcar a sacerdotes y militares, sindicatos, mujeres y homosexuales.
Planteamientos estos vigentes en sus muchos años de congruencia política, como se advirtió en su discurso para agradecer el homenaje que organizó la delegada de Tlalpan, Maricela Contreras, quien fue por cierto representante de nuestro partido, el PSUM, ante el comité distrital electoral cuando en 1981fui candidata a diputada por el 24 distrito, que comprende la delegación de Tlalpan y parte de la de Xochimilco.
Para ese merecido homenaje, escribió Arnoldo entre otros conceptos: “Nuestro proyecto político tiene que ir más allá de la política… Queremos promover una profunda transformación intelectual y moral de la sociedad”.
Nada más y nada menos.
De todas las imágenes que de él recuerdo, me gusta evocar su satisfacción por los éxitos de los festivales de Oposicióny de Así Es, los periódicos partidistas; su simpatía y risas en una cena de hace décadas en casa del pintor Mario Orozco Rivera y su mujer Emma León, hermana de Eugenia y también magnífica cantante.
Su risueña sorpresa cuando al regresar del primer viaje que hizo en forma abierta y con visa oficial a Estados Unidos para reunirse con comunistas gringos, unos agentes de la CIA a los que no había advertido, le dijeron en la puerta del avión “está sano y salvo en su país, nosotros ya nos vamos”.
Y cuando parado en la escalera del flamante local del PCM en la calle de Durango que ese día estrenábamos, habló sobre el amor y la importancia que debía tener en las vidas de quienes queríamos el socialismo para México.
Pero lo recuerdo sobre todo, por su emoción contenida cuando al terminar el congreso que el 6 de noviembre de 1981 disolvió el PCM, cantamos por última vez en un acto público La Internacional.

Arnoldo Martínez Verdugo
José Woldenberg
17 de enero de 2013•06:38

De la intensa, compleja y productiva vida de Arnoldo Martínez Verdugo traigo a la memoria las que pienso son sus contribuciones fundamentales en un periodo de transformaciones del Partido Comunista Mexicano y de buena parte de la izquierda. En ese espacio temporal AMV encabezó por lo menos cuatro grandes ideas que sirvieron para remodelar el rostro de la izquierda mexicana. Existe evidencia suficiente para demostrar que por lo menos entre 1968 y 1982 AMV impulsó de manera sistemática y decidida la construcción de una izquierda: a) independiente, b) institucional, c) unificada y d) democrática.

A) Independiente. En 1968 los ejércitos del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia. Pusieron fin a la hasta entonces llamada Primavera de Praga. Un intento por inyectarle ciertas dosis de libertad a un sistema de gobierno vertical y opresivo. El "experimento" encabezado por Alexander Dubcek fue ahogado a sangre y fuego. En medio de la Guerra Fría, la Unión Soviética no permitía ningún gesto de independencia de uno de sus países satélites. Y ese clima político e ideológico llevaba, casi de manera inercial, a que izquierdas y derechas se alinearan con sus respectivas potencias imperiales. Lo que hiciera o dejara de hacer la URSS era justificado por las izquierdas para no hacerles el "juego" a los enemigos estratégicos y algo similar sucedía en el polo opuesto.

Pues bien, el Partido Comunista Mexicano, encabezado por Martínez Verdugo, condenó de manera contundente esa invasión. Fue un momento culminante de un proceso que tenía antecedentes. El PCM, si bien seguía manteniendo relaciones de colaboración con los otros partidos comunistas, no estaba dispuesto a ser un peón acrítico del Partido Comunista de la Unión Soviética. Si mal no recuerdo, el PCM fue el único partido comunista de Latinoamérica que asumió esa posición y por supuesto eso honra al PCM y a AMV.

B) Institucional. Electoral. Luego del impacto del movimiento estudiantil de 1968 y de su paranoica represión, la izquierda independiente mexicana vivió un renacer. En un clima de efervescencia, altamente irritado, proliferaron proyectos de todo tipo: agrarios, obreros, estudiantiles, populares. Se fundaron nuevas publicaciones, aparecieron nuevos partidos y organizaciones que aspiraban a serlo. Se discutían las vías de transformación, las estrategias de lucha, los métodos de trabajo. Son los años en que además se multiplican grupos guerrilleros que asumen que las vías de la política pública y pacífica se encuentran clausuradas.

En ese ambiente, en 1976, el PCM, encabezado por AMV, lanza la candidatura de Valentín Campa a la Presidencia de la República. El Partido Comunista no cuenta con registro, pero el recorrido de Campa por todo el país, apareciendo en auditorios y plazas, entrando en contacto con trabajadores y estudiantes, campesinos y activistas, resume una idea: "estamos aquí; somos una fuerza nacional; tenemos derechos; deseamos participar en las elecciones y eventualmente obtener cargos de representación". La iniciativa no es comprendida por toda la izquierda. Recibe fuertes críticas. Pero sin duda, es un antecedente sin el cual no se puede comprender la reforma política de 1977 que precisamente abrió las puertas para que corrientes políticas hasta entonces marginadas del mundo institucional/electoral pudieran incorporarse a él. Sobra decir que no pocos partidos que en su momento criticaron al PCM y a AMV luego siguieron esa misma ruta.

C) Unificada. La fuerza electoral de la izquierda era magra. Y además estaba "atomizada" en un archipiélago de partidos y organizaciones que le restaban poder de atracción y disminuían su peso político. En las primeras elecciones luego de la reforma de 1977, el PCM -en coalición con otras organizaciones- obtuvo el 5 por ciento de los votos y resultó el partido de izquierda más votado. No era suficiente. Era posible y necesario ofrecer a la diversidad política realmente existente en la izquierda una organización unificada.

Arnoldo Martínez Verdugo, entonces, encabezó una operación ambiciosa: disolver al Partido Comunista para construir un nuevo partido de las izquierdas. La disolución del primero, luego de un poco más de 60 años de existencia, para unirse con otras formaciones, tuvo que hacer frente a resquemores y dudas de toda índole, pero en 1981 permitió la fusión de cinco agrupaciones para dar paso al Partido Socialista Unificado de México. Fue el primer eslabón -fundamental- de lo que luego sería un proceso unificador cada vez ambicioso: PMS (1987) y PRD (1989).

D) Democrática. El primer y único candidato a la Presidencia de la República de aquel PSUM fue Arnoldo Martínez Verdugo en 1982. Viajó de norte a sur, de oriente a occidente, y con sus muy cuidados discursos refrendó una y otra vez el compromiso de la izquierda a la que encabezaba con la democracia. Socialismo y democracia no solamente debían fundirse, sino trascender la peregrina idea de que la democracia no formaba parte de su bagaje, compromiso e ideales.