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sábado, 23 de noviembre de 2013

El Partido Comunista Mexicano ¿qué aportó? Luis Ortega Morales

El pasado sábado 26 de octubre, se realizó una reunión preparatoria de la Conferencia Nacional de Línea Política y Organización del MCM. Lo que podemos concluir que hasta la fecha no hemos aportado casi nada en la elaboración de esa línea.
Lo que mencioné en la reunión, voy a tratar de esbozarlo, para desarrollarlo después.
I. El Movimiento Comunista Mexicano, no es, ni ha sido nunca su intención, reconstruir el Partido Comunista Mexicano, aunque si ha habido varias propuestas en ese sentido. Las propuestas hechas hasta ahora, han dejado de lado las reiteradas advertencias que he hecho de que necesariamente debe antecederse de una autocrítica, de lo que se hizo y de lo que siguen haciendo los ex militantes del antiguo PCM. De esto, tendremos que discutir, entre otros temas:
a) Los recursos recibidos por la URSS
b) Los cuadros políticos que fueron formados en los países del bloque socialista
c) La actuación durante el movimientos de 1968
d) La posición ante la guerrilla de los años 70s
e) La conducción del movimiento y la administración universitaria en el país
f) El acuerdo de la Reforma política de 1975
g) Las diversas posiciones ante el desarrollo del movimiento universitario (enfermos, Universidad Pueblo, Oaxaca, Chapingo, entre otros)
h). La lucha interna entre renos y dinos
i). El grupo parlamentario de la LI Legislatura
j) Los primeros gobiernos municipales comunistas.
k) Las diversas posiciones ante el desarrollo del movimiento obrero, campesino y popular (CIOAC, , entre otros)
l). Los acuerdos de fusión del PSUM, PMS y PRD y la participación de los antiguos miembros del PCM en la dirección de estos.
m) La salida del MPM y otros del PSUM y la construcción del PRS
n) La salida de otros miembros del PSUM y su incorporación con Salinas (Chicali, Evaristo, Medina Viedas, Olac Fuentes, Arturo Martínez, entre otros)
o). La venta de los documentos del PCM a la fundación Hoover)
II. Pretendemos influir en la vida política nacional desde una perspectiva propia, independiente, de izquierda, con la intención de diseñar, junto con otros militantes de la izquierda, una alternativa al capitalismo mexicano, una sociedad superior, justa, equitativa, con una distribución del ingreso que asegure la equidad y unas relaciones sociales con respeto a la dignidad humana, sin explotados ni explotadores, con un desarrollo social de la cultura y un aprovechamiento de la naturaleza, exclusivamente para el desarrollo y progreso de la humanidad, hasta lograr una relación de correspondencia entre la economía, la sociedad, la ciencia, la tecnología, el arte, la cultura, la naturaleza, el espacio de convivencia, el territorio y los seres humanos, entre los seres humanos entre si y con una relación entre géneros de correspondencia y convivencia.
III. Somos las mujeres y los hombres quienes construimos y desarrollamos a la sociedad a través de nuestras relaciones y de las relaciones con la naturaleza. Nadie más es responsable. Por ello debemos asumir como propios los aciertos y los errores en esta acción permanente y debemos hacer continuamente balances colectivos de esas transformaciones.
IV. Hasta ahora hemos construido un mundo capitalista de la competencia, de la oferta y la demanda, de las mercancías y de la explotación del hombre por el hombre, que ha dado como resultado una sociedad injusta, con concentración de la riqueza, la violencia entre los seres humanos, entre las comunidades y entre las naciones. Una sociedad voraz, que pretende apropiarse de la producción de los demás para su beneficio propio y que continúa avanzando y perfeccionando sus mecanismos de explotación. Hemos construido una sociedad humana del hacinamiento y del autotransporte, del deterioro ambiental, del desperdicio, el consumismo y de la violencia y continuamos desarrollándola sin más esfuerzos que acomodarnos a ella.
V. Los esfuerzos por construir una sociedad justa en México y destruir y sustituir a la actualmente existente, se alejan, después de que se habían desarrollado relaciones que anunciaban un importante cambio. A largo plazo, aparece un nuevo horizonte de cambio, que se acelera con la acción de las sociedades hacia ese camino. La esperanza que creó la legalización del PCM y los aportes que hizo en las primeras legislaturas donde participó, cumplía con la expectativa, que anunciaba Arnoldo Martínez, de que era importante que la sociedad conociera las propuestas de los comunistas y debatiera alrededor de ellas. Ahora tenemos una izquierda parlamentaria, sin alternativa y totalmente colaboracionista.
V. En México, parece desarrollarse un proceso de involución, donde las fuerzas del progreso y de la nueva sociedad alternativa, como se denomina a la izquierda, tienen actualmente un retroceso, pasan por un proceso de desorganización y algunas vertientes han girado en favor del capitalismo fortaleciéndolo con su colaboracionismo. La izquierda ha dado un viraje de la revolución socialista a la colaboración, de la sociedad alternativa comunista, al fortalecimiento del neoliberalismo. Los agrupamientos han virado del comunismo al centralismo de derecha.
En uno de los homenajes que se le hizo a Arnoldo Martínez en la Cámara de diputados, Pablo Gómez insistió en que uno de los principales aportes del período que dirigió Arnoldo fue el de construir la democracia para el país. Esta fue una idea que resumía los logros de la generación del 68. Es decir, habíamos derramado mucha sangre, doblegado a un sistema represor y abrimos los canales de participación legal. Una vez conocidos los esfuerzos de Cuauhtémoc Cárdenas y de la Corriente Democrática[1], que culminaron en la construcción del PRD, nos permitieron concluir con la posibilidad de que la izquierda pudiera ganar, por la vía democrática, es decir por medio de una competencia electoral regulada por órganos nacionales y estatales autónomos y confiables, establecidos en la Ley[2].
No ganó Cuauhtémoc Cárdenas, pero hubo fraude electoral y se cayó el sistema –algo que nos tiene que aclarar Manuel Bartlett, es decir, explicar en corto y con los detalles necesarios[3]. La alianza entre el PRI y el PAN para introducir las agresivas reformas que se aprobaron[4] y después el asesinato de Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994 durante un acto de su campaña electoral, demostró que la democracia no estaba cerca en la realidad mexicana.
 La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, privatización masiva de empresas estatales, incluida la banca; la implementación del Programa Nacional de Solidaridad y el aumento de desigualdad en el país. Además se restauraron las relaciones Iglesia-Estado y se establecieron relaciones diplomáticas con el Vaticano. La venta al Grupo Carso, propiedad del empresario Carlos Slim, de TELMEX Con una reforma constitucional a los artículos 28 y 123 que fueron aprobados el 12 de mayo de 1990, se privatizó la banca que fue nacionalizada en 1982. La reforma al Artículo 27 constitucional y otras normas, publicada el 6 de enero de 1992 en el Diario Oficial de la Federación, dio por concluido el reparto masivo de tierras y dio paso a la venta de las tierras ejidales. Fueron aprobadas en 1992 las reformas al artículo tercero constitucional haciendo obligatoria y gratuita la enseñanza secundaria y suprimiendo este carácter a la educación media superior y superior. Aprobó la constitucionalización de la autonomía universitaria y reguló las relaciones laborales de los trabajadores universitarios.
“La Reforma Política impulsada en 1977 fue una espada de doble filo para el PCM, y para la izquierda mexicana dejó abiertas nuevas perspectivas y creó nuevos problemas. Significó una arena más amplia para la acción y el partido aumentó su membresía a su total presente de alrededor de dieciséis mil afiliados, con una larga proporción de éstos reclutados durante las campañas electorales de 1979 y 1980. Pero el ritmo de reclutamiento fue tan rápido, y la capacidad del partido tan limitada para absorber nuevos miembros, que una gran cantidad de ellos no ha sido todavía plenamente incorporada a la vida partidaria. En la nueva arena creada por su legalización, el PCM ha sido capaz de conquistar para sí una nueva respetabilidad, principalmente entre la clase media urbana, y nuevos canales de comunicación con otros grupos. En las cercanías del congreso de 1981, el partido se había convertido ya en una parte “normal” de la vida política para un segmento sustancial de la población mexicana. Esta nueva situación quedó reflejada en los cerca de tres cuartos de millón de votos y en las dieciocho curules ganadas en la Cámara de Diputados por la Coalición de Izquierda en las elecciones de 1979, así como en la presencia de columnistas del PCM en la prensa diaria de la ciudad de México (Valentín Campa, Arturo Martínez Nateras, Roger Bartra, Eduardo Montes, para nombrar unos pocos) y en el siempre creciente número de revistas tales como Dí, Machete y Crítica Política. Fuera de la ciudad de México, el PCM fue capaz de construir una presencia modesta en ciertas legislaturas estatales, y ganar algunos municipios (en alianza con la COCEI, en Juchitán y Alcozauca en la montaña de Guerrero).
No obstante, igualmente importantes fueron los problemas enfrentados por el PCM en aprender a sujetarse a las nuevas circunstancias creadas por la Reforma Política. ¿Cómo podría ligarse el trabajo parlamentario con las luchas populares concretas en los barrios y lugares de trabajo, y cómo podría responder la izquierda a la inesperada estabilización y recomposición del capitalismo mexicano que siguió a la aguda crisis coyuntural de 1975-1977?
En los cuatro años anteriores al XIV Congreso, en rigor desde el XVIII Congreso de 1977, se había desarrollado una amplia y variada crítica sobre la dirección y estilo del PCM basada principalmente en el Distrito Federal; entre los críticos se contaba un número creciente de miembros del comité central.
Hasta fines de 1980, este cuestionamiento no trascendió los límites del discurso partidario interno; pero la situación cambió dramáticamente con la publicación, en noviembre de 1980, de una carta abierta en Excélsior, firmada por trece miembros del Comité Central. El documento, titulado Por la renovación del Partido Comunista Mexicano, centraba su crítica del PCM en torno a una variada de problemas. Los firmantes denunciaban el creciente eclecticismo de los documentos partidarios y pensaban que tal conducta, que toleraba la coexistencia de formulaciones a menudo antagónicas, creaba confusión en la base del partido. Además, se argumentaba que esta “dispersión ideológica” había abierto el camino para la continuidad de la dominación del partido por parte del aparato y los dirigentes profesionales.
El segundo tema del documento se centraba en torno a la acusación de que la actividad parlamentaria había distraído recursos escasos y energías en tareas alejadas del trabajo directo con una clase obrera cada vez más militante, y con una creciente red de movimientos populares. El resultado era la transformación del PCM en un “partido de opinión” más que un “partido de acción”. Síntoma de este proceso era la creciente hegemonía, dentro del partido, de los intelectuales, empleados y profesionales, y la ausencia de afiliados de base pertenecientes a la clase obrera. En consecuencia, la tarea que enfrentaba el PCM era la elaboración de métodos de trabajo y formas de organización que permitieran al partido transformarse en una “continuación auténtica del movimiento popular mexicano”. El documento concluía con un llamado a la unidad en torno al reconocimiento de la legitimidad de las corrientes de opinión dentro del partido.
Aunque no se mencionaba específicamente en Por la renovación…, otra de las preocupaciones de los “renovadores”, como fueron llamados a partir de entonces, se vinculaba con la continuada carencia de claridad de la noción del PCM del “gobierno de coalición democrática”, que ya había estimulado el desarrollo de concepciones oportunistas que vislumbraban a diputados comunistas en un gabinete dominado por el PRI. También se planteaban críticas a la política de alianzas del partido, en partido, en particular la política de otorgar prioridad a la colaboración con los epígonos del lombardismo (como el PPM y el MAUS) a expensas de un marco más amplio de alianzas con grupos ubicados más a la izquierda, particularmente el PRT trotskista. (Cuadernos Políticos, número 29, México, D. F., editorial Era, julio-septiembre de 1981, pp. 83-92. Crónica Barry Carr Impresiones del XIX Congreso del PCM, 1981)
Temas del comunismo mexicano
Barry Carr 
El propósito de este artículo es modesto: aislar algunos de los temas que el autor considera fundamentales que cualquier historia del marxismo y del comunismo mexicanos debe considerar y señalar algunas de sus exigencias analíticas. Esos temas fundamentales son:
1) La relación entre el desarrollo del marxismo y la tradición libertaria/anarco-sindicalista en México, que incluiría también la discusión sobre la relativa debilidad del marxismo en México y del socialismo científico en los treinta primeros años del siglo.
2) La estructura internacional dentro de la que ha evolucionado el comunismo mexicano, lo que supone retomar el sobado pero importante debate sobre el origen del PCM (la cuestión familiar de "crecimiento interno o importación exótica"), la naturaleza de las relaciones del PCM con la Internacional Comunista y con el Partido Comunista estadunidense. Un tema afín es la cuestión, a menudo descuidada del importante papel jugado por el PCM en la organización y el desarrollo de otros partidos comunistas, sobre todo en Centro América y el Caribe.
3) La conceptualización de la revolución mexicana realizada por el Partido Comunista y, más generalmente, su relación (o falta de) con la cultura nacional mexicana. Algunas de las cuestiones clave giran alrededor de la actitud del comunismo mexicano frente a los diferentes gobiernos emanados de la revolución (caudillismo revolucionario de los veintes, el giro nacionalista revolucionario con Cárdenas, el desarrollismo de Alemán a finales de los cuarentas, etc.) y la actitud de la izquierda mexicana en su conjunto ante la cada día más dominante "ideología de la revolución mexicana". 
4) La sociología del comunismo mexicano: ¿cuál ha sido la base social de la presencia comunista en el México revolucionario, en qué sectores de la clase obrera, del campesinado y de la intelectualidad encontró apoyo el comunismo?
5) Finalmente, está lo que Perry Anderson llamó la correlación nacional de fuerzas, el análisis de la relación del partido con fuerzas nacionales más amplias (clases, partidos, instituciones), tema particularmente importante si el historiador quiere evitar una visión estrecha del PCM en los términos de su lógica institucional, su ideología y su clientela particular. Esto es crucial en México, pues el comunismo nunca pudo ganarse una base de apoyo duradera entre la población. Habría también que estudiar el movimiento comunista junto al crecimiento de la CTM y del partido oficial, así como a la emergencia de corrientes formalmente no comunistas como el "marxismo legal" de Lombardo Toledano, o, en tiempos más recientes, el nacionalismo revolucionario de Rafael Galván y la Tendencia Democrática de los electricistas.
Uno de los aspectos más intrigantes de la historia del comunismo mexicano es su cambiante respuesta como partido revolucionario frente a una revolución no socialista que monopolizó rápidamente la retórica de la lucha revolucionaria. Puesto que durante mucho tiempo el PCM fue presa voluntaria de lo que llegó a conocerse como "la ideología de la revolución mexicana", necesitamos referirnos al señalamiento de José Revueltas de que en México la ideología democrático-burguesa
asume para sí misma la conciencia socialista, la hace suya, y reduce a la ideología proletaria a convertirse cuando mucho en su extremo más radical, en su ala izquierda.
El decimotercer congreso del PCM, en 1960 marcó un cambio masivo de línea, la primera gran renovación del Partido, un proceso lento y contradictorio. Entrañaba un repudio de la adulación a Lombardo Toledano y al lombardismo, y los primeros intentos reales para enfrentar la naturaleza específica del capitalismo mexicano. Esta última tarea obligaba a abandonar la noción (inspirada en la Comintern) de México como una sociedad semicolonial y a reconocer los cambios tremendos en la estructura de clases del país que trajo el rápido crecimiento del capitalismo de la postguerra en las ciudades y en la agricultura mexicana. El cambio más decisivo en el bagaje teórico del PCM fue el rechazo de la "ideología de la revolución mexicana" y la convicción de que el ciclo de las revoluciones burguesas en México se había completado definitivamente. La vía estaba ahora abierta para abandonar las versiones de dos fases de la transición revolucionaria y para anotar claramente en la agenda el establecimiento de un México socialista. (6)
Su derrumbe fue de muerte natural. Al fallecer dejó al mundo sin una idea clara de lo que debe ser la izquierda. Para ello basta ver el caso mexicano, donde tal fuerza política la representan ex priistas y corruptos de toda suerte, aventureros y farsantes. Impostores.

El problema es que el país, sin ganas de debatir el asunto, dio por hecho lo que esa organización dijo: ahora hasta los medios, el PAN y el PRI, al referirse al PRD y aliados, los califican de “izquierda”. ¿Izquierda Camacho y Ebrard, izquierda el hombre que escribió el himno al PRI tabasqueño? Si a esa “izquierda le basta disminuir salarios de funcionarios y usarlo en sus haciendas y dádivas imaginarias, perfecto. Eso no es una postura digna y comprometida históricamente. Para limosnas, la Iglesia, para bajos sueldos, un pueblo en medio de la nada. Necesitamos una izquierda auténtica, con objetivos claros y una idea de transformación, que haya leído a los clásicos del socialismo y sea capaz de modernizarlos. Es un buen momento para la hazaña. El PRD, que se ve a sí mismo como un triunfador, en meses padecerá una grave crisis y se desmoronará. Tiene pies de lodo y cabeza hueca. ¿Qué pondrá el México progresista en su lugar? (
René Avilés Fabila ¿Qué es la izquierda en México? 2011)

Que en México haya una fracción de la izquierda socialista que apoya al Estado mexicano y sus gobiernos no debe sorprender a nadie. La génesis de un Estado surgido de una revolución burguesa y popular muy violenta, el sistema de relaciones orgánicas e ideológicas que ha establecido la torre estatal con la sociedad civil y el movimiento obrero no podían sino atraer al grueso de una izquierda que durante un largo período fue hegemónica y que veía en los gobiernos del partido oficial un poder popular y contradictorio, pero colocado en la trinchera antimperialista.
Caso especial sería el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), que pese a no provenir del tronco histórico lombardiano, repite el discurso de esta corriente, modernizándolo y adecuándolo a condiciones nuevas. Su característica más notable es su forma de hacer política, una imitación caricaturesca, en la sombra, de los métodos priístas de afiliación compulsiva y absorción de organizaciones sociales. Pese a las marchas multitudinarias de apoyo a López Portillo y las estruendosas declaraciones de sus dirigentes, el PST parece tener contados sus días, fracasado su papel de repetir el apoyo activo que brindó al gobierno el lombardismo del pasado. Aun así, el PST tiene una influencia a menudo firme sobre grupos de colonos y campesinos y un 2.26 por ciento de los votos en 1979.
La generación de un movimiento de masas opuesto a la política gubernamental, el ascenso de la lucha por la democracia en el país y la aparición y fortalecimiento de fuerzas de izquierda revolucionaria portadoras de alternativas claras en contra del PRI-gobierno parece irá minando poco a poco a la izquierda colaboracionista, virtualmente puesta contra la pared por las condiciones del México de hoy.
En lo que respecta al PMT, dirigido por Heberto Castillo y Demetrio Vallejo, se trata de un extraño engendro de la izquierda mexicana, cuyo nacionalismo revolucionario no evolucionó hacia posiciones socialistas, estancándose en el apoliticismo y el populismo. Organización de izquierda revolucionaria en la medida en que se opone incisivamente a la clase dominante, su actuación no va más allá de la crítica permanente de ésta, privándose de hacer política frente a los trabajadores, la sociedad y el Estado. El planteo nacionalista radical del PMT no ha comprendido la necesidad de un programa obrero democrático y socialista para una nación como la nuestra. Quizá por lo anterior fue su salida del proceso de fusión que hizo nacer al PSUM. Su respetable posición entre la oposición revolucionaria ha ido perdiendo peso convirtiéndose el PMT en una organización confusa, sin política nacional.



EL PRD: PARTIDO DE IZQUIERDA
POR ADOLFO SÁNCHEZ REBOLLEDO
CONTRA EL PRAGMATISMO
La definición del Partido de la Revolución Democrática como un partido de izquierda es inseparable del debate en torno al llamado "pragmatismo", cuya crítica en el Congreso de Oaxtepec, a propósito de la candidatura del expriísta Salvador Morales Lechuga, ocupó buena parte del tiempo y los trabajos de los delegados. El pragmatismo no es otra cosa que la adaptación de los intereses estratégicos del partido a las consideraciones inmediatas de la coyuntura electoral. Para todo fin práctico, el "oportunismo y el pragmatismo excesivo", denunciado por Cuauhtémoc Cárdenas desde antes de inaugurarse el Congreso, se concreta en el sacrificio de las candidaturas partidistas a los representantes ("externos") de la sociedad civil, aprovechando cualquier oferta a fin de abultar la cosecha de votos sin considerar el historial o las posiciones políticas de los candidatos. Internamente, esa situación ya había causado un malestar enorme. Un dirigente del partido, Juan Guerra, por ejemplo, dijo que el partido estaba "reciclando la vieja clase política. Nos estamos convirtiendo en el cesto de desperdicios del PRI" (La Jornada, 21-111-98).
Sin embargo, en una reacción inesperada al temor de que el partido se abra a una suerte de restauración democrática del viejo partido oficial, el Congreso responde con un exorcismo que buena parte de la cúpula dirigente no comparte: proclamar en la Declaración de Principios que el PRD es un partido de izquierda, aludiendo con ello, más a la tradición política y moral que el término invoca que al cálculo político en uso, a la precisión rigurosa del concepto, o los contenidos de una política estratégica claramente diferenciada. En el fondo, a pesar de los acuerdos promediados para salvar la unidad, el Congreso dejó sin resolver con claridad el tema estratégico de las alianzas que se esconde bajo la cuestión superficial del pragmatismo, y es, a no dudarlo, la piedra filosofal que puede abrirle el camino a la victoria en el año 2000. Sin embargo, no podía ser de otra manera, a trasluz de esta discusión se filtran los viejos asuntos no resueltos que son la "marca de origen" del partido del sol azteca.
Las dos izquierdas
La resolución de Oaxtepec expresa un punto de vista que puede ser crucial: el partido entiende que las alianzas electorales que tanto éxito electoral le han dado —y a las que por supuesto no renuncia— representan, paradójicamente, una amenaza potencial para su futuro, pues ayudan a borrar su propia identidad de izquierda, al verse eclipsadas, como temía el historiador Barry Carr al señalar las características del proyecto de unidad en el PRD, por "una vasta ola de neocardenismo generado por el desesperado anhelo de democracia y, para algunos, por el nostálgico deseo de volver a la 'normalidad anterior'". (La izquierda mexicana a través del siglo XX, Era, p. 323.) El crecimiento exponencial de los votos a la izquierda logrado en comicios recientes, conforme a ese análisis, lejos de fortalecer al polo "izquierdista" que es uno de los nutrientes del partido, habría disminuido "las oportunidades de construir una izquierda fuerte e independiente" tal y como se concebía en el pasado, es decir, antes de la formación del propio PRD.
Que el PRD es, ciertamente, un partido situado "a la izquierda" del espectro político mexicano nadie lo duda, pero si con ello se quiere afirmar una nueva identidad y también un "modo de ver el mundo", como dijo Muñoz Ledo, entonces la precisión realizada en el Congreso de Oaxtepec, hasta donde la información disponible permite saberlo, resulta genérica, insuficiente y hasta cierto punto innecesaria. Es obvio que el PRD ya no es, ni puede ni quiere ser considerado como un partido de la izquierda clásica, por más que tras la definición del Congreso se apunten muchos de los nostálgicos de siempre. Tal vez por ello Muñoz Ledo —cito a La Jornada—, ironizó: "definirse como un partido de izquierda no significa convertirse en un museo antropológico de historia ni en el arca de Noé para salvar a las viejas especies de la izquierda. Tampoco podemos ser la Cruz Roja de la derecha. Decirnos de izquierda no es cerrarnos a todos los que vengan a trabajar, pero tampoco es dar pasaportes de impunidad a los que provengan de la izquierda. Es una identidad del partido".
Pero estas aclaraciones, gratas a la parroquia, pueden resultar a la postre irrelevantes. Se olvida —cito, por no repetirme, lo que escribí en La Jornada— que "el tema, si había alguno en puerta, era (y es) definir de qué clase de izquierda estamos hablando. Y en ese sentido la resolución del PRD abarca mucho y poco a la vez. Mucho, puesto que el término tendrá resonancias incómodas en la orientación electoral del partido, cancelando de un plumazo la idea, muy en boga desde su fundación. de que éste (no sólo su electorado) se ubicaba en el escenario político como una fuerza de 'centroizquierda' ". Poco, porque la definición no ubica el proyecto del partido para México, tampoco aclara la naturaleza de las alianzas que pueden hacerlo posible y hunde en una penumbra pragmática la clarificación de la ideología partidista. El mismo Muñoz Ledo remató en el Congreso: "El centro de la ideología es una raya y esa hay que dejársela a Manuel Camacho Solís" (sic). Así pues, la pregunta que sigue es obligada: ¿cuál es la identidad que pone en riesgo el pragmatismo y que se quiere conservar de la herencia de izquierda recibida por el partido? ¿Qué significa hoy. para el México de fin de siglo, ser de izquierda?
No hay que mirar demasiado hacia atrás, es cierto. Sin embargo, después de todo, es imposible para un partido de izquierda, integrado justamente por la confluencia de esas (aunque no exclusivamente) dos grandes corrientes políticas e ideológicas del pasado, no responder a la pregunta más inquietante de nuestros días: ¿cómo darle sentido a la política de izquierda luego del fracaso histórico del socialismo real? ¿Cómo elaborar una propuesta nueva, inserta en el horizonte de los cambios ocurridos en la escena contemporánea nacional e internacional? ¿Quiénes son hoy los "sujetos" del cambio necesario? ¿Cómo superar el siglo de la Revolución Mexicana en la perspectiva de una sociedad más justa, sin una reflexión global sobre el país y su futuro, sin discutir los fundamentos de un verdadero "proyecto nacional alternativo"? Sin una reflexión capaz de comenzar a responder esas interrogantes, la definición de izquierda se reduce solamente a revivir una etiqueta, por grandiosa que ésta nos parezca.
CANDIDATURAS EXTERNAS
De esta misma forma, Sánchez Camacho pidió no descartar a los ex panistas, Manuel Clouthier y Fernando Canales como candidatos a la Cámara alta, además de los empresarios Mauricio Sada y Armando Guadiana. http://www.adnpolitico.com/2012/2012/02/19/se-atora-el-consejo-politico-nacional-del-prd
Distribución de posiciones en el Consejo
  • Nueva Izquierda: la corriente identificada con Jesús Zambrano y Jesús Ortega se quedó con  25 consejeros.
  • Alternativa Democrática Nacional: esta corriente identificada con el perredismo mexiquense y con el legislador Héctor Bautista López, obtuvo 14 consejeros
  • Izquierda Democrática Nacional: el grupo identificado con René Bejarano, Dolores Padierna y Agustín Guerrero, se quedó con 10 consejeros nacionales.
  • Foro Nuevo Sol: corriente relacionada con la exgobernadora de Zacatecas, Amalia García, obtuvo siete posiciones en el Consejo Nacional perredista.
  • Frente Nacional Patria para Todas y Todos: el grupo encabezado por el senador Carlos Sotelo y por Camilo Valenzuela se quedó con 5 consejeros.
  • MEC: por último, la corriente vinculada con el jefe de gobierno capitalino,Marcelo Ebrard, obtuvo tres asientos en el Consejo Nacional del sol azteca.

Por “Usos y Costumbres”, violenta PRD en Oaxaca, derechos políticos de mujeres, les niegan candidaturas













México D.F. Viernes 2 de abril de 2004
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano
6 de julio de 1988: el fraude ordenado por Miguel de la Madrid*
La lucha por la democracia es una lucha por el derecho. El siglo XX fue para nuestro país el siglo de la lucha por el sufragio efectivo, por el respeto al voto ciudadano, elemento fundamental de la vida democrática.
Esa lucha se inició de hecho aquí, en esta ciudad de Puebla, el 18 de noviembre de 1910, con el sacrificio de Aquiles Serdán, quien había respondido a la convocatoria lanzada por Francisco I. Madero, que llamó a los mexicanos a rebelarse contra la autocracia porfiriana.
La lucha por la democracia y las libertades de los mexicanos, después del derrocamiento y asesinato de Madero y Pino Suárez por el usurpador Huerta en 1913, se centró más que en el reclamo por la efectividad del sufragio en otras reivindicaciones populares y nacionales como la reforma agraria, los derechos de los trabajadores -la huelga, la jornada de ocho horas, un salario digno y suficiente, etcétera-, el dominio de la nación sobre sus recursos naturales, la educación, la salud, la autonomía universitaria, la seguridad social, y no es sino hasta 1988 cuando el respeto al voto se vuelve a colocar con fuerza como la prioridad en la lucha política de los mexicanos, y es hasta ahora, cuando se ha dado vuelta al siglo, que el voto ciudadano empieza a ser efectivo y empieza así a hacerse realidad la democracia electoral.
Para los jóvenes que estudian derecho en esta escuela, 1988 está muy atrás en el tiempo. Como actor y observador de acontecimientos importantes en la vida del país de esa fecha para acá, quisiera compartir algunos recuerdos y reflexiones que en estos días me ha provocado la lectura del editorial de un diario estadunidense1 comentando sobre lo que expresa Miguel de la Madrid en un libro2 de reciente aparición.
En ese editorial se dice que los mexicanos están leyendo la nueva autobiografía de Miguel de la Madrid "por su autorizada confirmación de uno de los más flagrantes fraudes electorales de los tiempos modernos -el robo de la elección presidencial de México en 1988..."
De la Madrid hace en su libro más que una "autorizada confirmación", una confesión de parte, como dicen ustedes los abogados, de que fue él quien en la tarde del 6 de julio de 1988, día de las elecciones federales, ordenó se dejara de dar información sobre cómo iban fluyendo los resultados electorales, porque estaban siendo favorables a mi candidatura, decisión que dio inicio a un masivo fraude electoral que se cometió no en perjuicio de mi persona, como con frecuencia se señala, sino en perjuicio de todos los ciudadanos del país y del país mismo.
***
ƑCómo se llegó al fraude electoral de 1988? ƑQué sucedió para llegar a ese hecho?
El gobierno de Miguel de la Madrid había puesto en marcha, y así se reconoció públicamente, una política de destrucción consciente y sistemática de todo lo que tuviera que ver con los logros positivos de la Revolución Mexicana, sin ofrecer alternativas que tuvieran por base otras ideologías y otras políticas para la solución de los grandes problemas del país y de la gente. El entreguismo, el alto endeudamiento con el exterior, el disparo de la inflación y la seria caída de los niveles de vida provocaron una profunda irritación en la población, que aumentó al ocurrir el sismo de 1985, que además de la gran destrucción que ocasionó, principalmente en la ciudad de México, dejó ver ante el país a un presidente pusilánime e incapaz de reaccionar ante la desgracia. La respuesta popular a las heridas del sismo fue en sentido contrario a la del presidente: la gente respondió dando vida a un vigoroso movimiento urbano popular que tomó la iniciativa social y política para la reconstrucción de la capital.
El descontento apareció también en la vida política y al interior mismo del régimen. La Corriente Democrática surgió dentro del PRI hacia finales de 1986 reclamando al Estado la práctica de una política pública con fuerte contenido social, exigiendo frenar y reducir el endeudamiento externo y la adopción de procedimientos democráticos en el partido para la toma de sus decisiones, en especial para la designación de candidatos, con lo que el presidente y el sistema se sintieron amenazados en ese supuesto derecho no escrito que se arrogaban de designar al candidato oficial a presiden- te y, en la práctica, al sucesor del presidente en turno. La corriente no planteaba el apoyo a un candidato en particular, cuestionaba el procedimiento, exigiéndolo democrático, con la participación de los miembros del partido.
Desde que se celebró la 13 Asamblea Nacional del PRI, en marzo de 1987, se produjo el rompimiento real del sistema y del partido con la Corriente Democrática, pero ni el presidente directamente, ni utilizando al partido, se atrevió a plantear y menos a instrumentar la expulsión formal de los miembros de la corriente. Nosotros, con apego estricto a nuestros derechos partidarios, decidimos dar la lucha desde el interior, buscando la democratización del partido, que considerábamos paso indispensable, tanto para poner fin al régimen de partido de Estado como para lograr la democratización del régimen político del país.
Desde afuera y desde dentro se nos veía como oposición al régimen, aun cuando nos negábamos a considerarnos al margen del partido. Eso atrajo las adhesiones de importantes grupos de priístas de base y el que desde los partidos de oposición me propusieran ser su candidato a presidente. Nuestra respuesta fue siempre en sentido que librábamos al interior de nuestro partido una lucha que no había concluido.
Al llegarse el tiempo vino el dedazo del presidente, con el consecuente destape de Carlos Salinas como candidato del PRI. En ese momento, los miembros de la Corriente Democrática estábamos obligados a tomar una decisión: aceptábamos la imposición presidencial y nos sumábamos a la campaña oficial, o nos íbamos cabizbajos a nuestras casas; nos lanzábamos a una campaña testimonial con un candidato no registrado, sin partido que lo respaldara y cuyo nombre no aparecería en las boletas electorales, llamando al voto en el círculo blanco, o buscábamos proseguir nuestra lucha con los mismos objetivos que dentro del PRI, con el cobijo de otro u otros partidos.
Optamos por aceptar los ofrecimientos de los partidos de oposición y es así como me convertí en candidato del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (que recién se había transformado de Partido Socialista de los Trabajadores) y del Partido Popular Socialista. A estos partidos se fueron sumando otros partidos sin registro y numerosas organizaciones políticas y sociales que, en conjunto, en enero de 1988 formaron el Frente Democrático Nacional (FDN). El Partido Mexicano Socialista se adhirió al FDN al declinar Heberto Castillo su candidatura en mi favor el 6 de junio, justo un mes antes del día de la elección.
La campaña, que se hizo en condiciones sumamente precarias, recibió una vigorosa y entusiasta respuesta de la ciudadanía.
Y llegó el 6 de julio.
***
La jornada electoral estuvo plagada de delitos, atropellos e irregularidades, como lo estuvo todo el proceso, desde la violencia que se desató el día de las elecciones en innumerables casillas hasta el día en que se calificó la elección presidencial en la Cámara de Diputados, pasando en ese lapso por los comités distritales, donde se concentraron los paquetes de votos, los centros de cómputo oficiales y los colegios electorales.
Los resultados oficiales de la elección empezaron a recibirse en el centro de cómputo de la Comisión Federal Electoral -la autoridad electoral de entonces- por la tarde del día de las votaciones y a transmitirse a la sesión que ésta celebraba, presidida por el secretario de Gobernación, en la que estaban los representantes de todos los partidos. Los números que llegaban de la elección presidencial no estaban resultando favorables al PRI sino al FDN.
En un momento dado, la autoridad empezó a dar a conocer los datos supuestamente oficiales del distrito con cabecera en Tula, Hidalgo, y el representante del PARM, uno de los partidos del frente, exhibió el acta del escrutinio correspondiente a la elección en ese distrito, firmada por los representantes de todos los partidos, incluyendo al PRI, que eran radicalmente distintos a los reportados por la comisión electoral. En ese momento se cayó y se calló el sistema -esto es, el sistema oficial de cómputo electoral-. Ese fue el momento en el que llegó la instrucción del presidente de no dar más información a la opinión pública sobre cómo estaban moviéndose las cifras electorales."Cuando eso ocurrió -asienta De la Madrid en su libro- se dejó de dar dicha información, pues los funcionarios de los comités distritales se dedicaron de lleno a analizar y computar las casillas que les correspondían, a fin de llegar al resultado oficial". Fueron los días, debe decirse, no para analizar y computar, sino para manipular las cifras electorales y ponerlas a tono con el fraude.
La caída y el silencio del sistema de cómputo electoral se prolongaron por varios días.
Sin embargo, se empezaron a conocer cifras de la elección. Los representantes de los partidos del FDN en casillas y en los comités distritales empezaron a enviar datos a los centros de cómputo de los partidos y a rescatar actas en las que se consignaban los resultados reconocidos de la elección. Con esas informaciones se pudo saber cómo iban fluyendo los conteos de votos.
El número total de votos oficialmente reconocido para todos los candidatos presidenciales fue de 19 millones 143 mil 12. Una visión retrospectiva de cómo se fueron conociendo los datos de la elección se da a continuación:
El 7 de julio, día siguiente al de la elección, el FDN tenía datos que sumaban 2 millones 724 mil 7 votos, que se distribuían 26.61 por ciento para el PAN, 26.76 por ciento para el PRI y 40.16 por ciento para el FDN.
El 9, dos días después, con 6 millones 709 mil 351 votos, correspondientes a 35 por ciento del total, los porcentajes eran 25.19 para el PAN, 32.69 para el PRI y 38.8 para el frente.
El 12 de julio, que fue el último día que se recibió información que se podía considerar medianamente confiable, pues había cada vez más evidencias de un fraude masivo y generalizado, se tenían computados 10 millones 355 mil 293 votos -54.09 por ciento del total-, de los cuales 21.38 por ciento era para el PAN, 35.76 para el PRI y 39.4 para el FDN, correspondientes a 30 mil casillas -54.5 por ciento del total de las instaladas en el país.
En cualquier elección conducida con rectitud, en cualquier país, al conocerse las cuentas de 54.5 por ciento de las casillas se puede considerar que se han establecido ya tendencias que prácticamente no variarán al llegarse a los resultados finales.
Aquí entran de nuevo las confesiones de Miguel de la Madrid, quien escribe que habiéndose hecho los cómputos en 30 mil casillas se dejó "pendiente el desglose de la información de otras 25 mil, de las que sólo se dieron resultados agregados por distrito".
Los datos de esas 25 mil restantes nunca fueron dados a conocer y nunca podrán conocerse, pues los paquetes con los votos de esa elección, que habían sido depositados en la Cámara de Diputados, según lo disponía la ley, se incineraron por acuerdo de las diputaciones del PRI y del PAN.
ƑQué se puede decir de los votos de esas 25 mil casillas, cuyos resultados fueron ocultados o que nunca fueron contados?
A esas casillas correspondieron, de acuerdo a los resultados que, como dice De la Madrid, se dieron agregados por distritos, 8 millones 787 mil 719 votos, 45.91 por ciento del total oficial, que se distribuyeron como sigue: 21.36 por ciento (contra 21.38 en las casillas cuyos votos se desglosaron partido por partido y candidato por candidato) para el PAN, 67.57 (contra 35.76) para el PRI y 11.98 (contra 39.4) para el FDN.
Si se ven y analizan esos números, se tiene que pensar necesariamente que en cada distrito se dieron dos elecciones distintas, la de las casillas cuyos datos se presentaron desglosados, y la de las casillas cuyos datos sólo se dieron agregados por distritos, que se trata de dos electorados diferentes y, de hecho, de dos países también diferentes.
Se ve algo más: las cifras de Acción Nacional son iguales para las casillas cuyos resultados se dieron a conocer y los de aquellas que se reportaron sólo en el agregado distrital. De donde robó votos el PRI fue, como se evidencia en estas cifras, de los partidos del FDN.
Ahora unos datos curiosos: en el cuarto distrito electoral federal de Puebla la votación total reconocida oficialmente en favor de Carlos Salinas fue de 82 mil 106 votos. De éstos, corresponden a las casillas conocidas 31 mil 308 y a las ocultadas 50 mil 798. En las primeras, el porcentaje de votos para el candidato del PRI fue de 71.5 por ciento y en las ocultadas de 109.8, por lo que hubo que quitar mil 152 votos a Manuel Clouthier y 3 mil 589 a mí para hacer cuadrar las cifras. En el octavo distrito, también de Puebla, Salinas tuvo 39.6 por ciento de los votos en las casillas dadas a conocer y 103.2 en las ocultadas. En forma similar, el fraude mayor se cometió en alrededor de 70 de los 300 distritos electorales del país.
Así fue el fraude electoral que comenzó con las órdenes de Miguel de la Madrid al secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral de suspender el flujo de la información sobre los resultados electorales, y al presidente del partido oficial de declarar, sin tener cifras que lo sustentaran, "el triunfo del PRI", pues necesitábamos, dice en su libro, "darlo por sentado el día 7, ante el peligro de que cundiera la convicción que Cuauhtémoc había ganado en todo el país..."
Cuidadosos estudios posteriores a los días de los cómputos y de los conflictos poselectorales han permitido establecer como los resultados más probables de esa elección presidencial los siguientes: 22.4 por ciento de votos en favor del PAN, 36.4 del PRI y 41.2 por ciento del FDN.
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Frente al fraude, se buscó, primero, mediante los recursos legales y de la movilización ciudadana, revertirlo; se planteó también la anulación de la elección y que se convocara a una nueva, ya que se veía más que imposible que el gobierno aceptara hacer una revisión a fondo de la elección para limpiarla y llegar a sus resultados reales, lo que en su momento se le propuso.
En los días posteriores inmediatos al 6 de julio, cuando se discutía álgidamente la validez de la elección, Rosario Ibarra, candidata del Partido Revolucionario de los Trabajadores, reconoció que la mayoría de los votos estaba a mi favor. Manuel Clouthier, de Acción Nacional, declaraba en esos mismos días que Salinas no había ganado, que él tampoco, pero que no sabía quién había ganado la elección.
Ante esta situación, después de varios meses de protestas y fuertes movilizaciones por distintas regiones del país, habiendo echado mano de todos los recursos legales tratando de revertir el fraude, la salida que se encontró como más viable en el FDN fue la de llamar a formar una organización política que pudiera alcanzar la capacidad necesaria para llevar a cabo los cambios que el país estaba reclamando. De esa decisión nació, poco después, el Partido de la Revolución Democrática.
Mientras se estaba en el análisis de la situación nacional, de la situación del propio FDN y de las alternativas que se presentaban hacia adelante -y en paralelo estaban calificándose las elecciones de diputados federales, el presidente rendiría su último informe ante el nuevo Congreso y se calificaba la elección presidencial por los diputados-, nadie planteó que la solución de la crisis pudiera encontrarse en una vía no constitucional. Nadie propuso la vía armada, nadie se preparó para tomar ese camino, y es que una revolución no se da por desplantes viscerales o por actitudes meramente voluntaristas. Una revolución se prepara, se miden posibilidades y consecuencias, y es entonces cuando se toman las decisiones.
Llamar en aquel momento a rebelarse o en un ataque de rabia o desesperación haber llamado a tomar o apoderarse de algún punto simbólico hubiera sido, por decir lo menos, irresponsable, si no es que provocador para matar al naciente movimiento, o verdaderamente criminal.
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La elección de 1988, a pesar del fraude, provocó, sobre todo con las intensas movilizaciones populares, una amplia y firme toma de conciencia entre la población respecto a que la participación ciudadana en la vida pública y el voto hacían posible el cambio. Este primer impulso ha llevado, hasta ahora, a la alternancia y al fin del régimen de partido de Estado. Se requiere de nuevos esfuerzos para llegar a un sistema político y a una convivencia social que puedan calificarse de cabales, de integralmente democráticos.
Reconocerse como el ejecutor del fraude con la responsabilidad mayor, como lo hace Miguel de la Madrid, no revierte lo sucedido. Confirma lo que muchas voces habían venido diciendo y da más claridad a hechos importantes de nuestra historia reciente.
Cuando apareció el editorial de The New York Times no faltó quien me preguntara si no iba yo a presentar una demanda contra Miguel de la Madrid y aquí, a estudiosos del derecho les pregunto si vale la pena. Para obtener una satisfacción personal no veo el caso. Si de ella se derivara alguna sanción para Miguel de la Madrid y quienes planearon, ordenaron e instrumentaron el fraude desde las más altas responsabilidades de la República, que representara una reparación de los daños ocasionados tanto a los ciudadanos como a la nación -por la corrupción de la administración a la que el fraude llevó al poder, por los perjuicios ocasionados por las políticas públicas que se pusieron en práctica, etcétera- habría que hacerlo. ƑQué dicen al respecto los estudiosos de las leyes de esta Escuela Libre de Derecho?
*Documento presentado en el quinto Congreso Internacional de Derecho. Derecho y democracia: logros, problemas, retos. Escuela Libre de Derecho.
Puebla, Pue., 31 de marzo de 2004.
1 "About that close election..." en The New York Times, 15 de marzo del 2004.
2 Miguel de la Madrid H. (con la colaboración de Alejandra Lajous): Cambio de rumbo. Testimonio de una Presidencia -1982-1988. Fondo de Cultura Económica. México. 2004
Que en México haya una fracción de la izquierda socialista que apoya al Estado mexicano y sus gobiernos no debe sorprender a nadie. La génesis de un Estado surgido de una revolución burguesa y popular muy violenta, el sistema de relaciones orgánicas e ideológicas que ha establecido la torre estatal con la sociedad civil y el movimiento obrero no podían sino atraer al grueso de una izquierda que durante un largo período fue hegemónica y que veía en los gobiernos del partido oficial un poder popular y contradictorio, pero colocado en la trinchera antimperialista.






[1]  La Corriente Democrática surgió dentro del PRI hacia finales de 1986 reclamando al Estado la práctica de una política pública con fuerte contenido social, exigiendo frenar y reducir el endeudamiento externo y la adopción de procedimientos democráticos en el partido para la toma de sus decisiones, en especial para la designación de candidatos…  Al llegarse el tiempo vino el dedazo del presidente, con el consecuente destape de Carlos Salinas como candidato del PRI. En ese momento, los miembros de la Corriente Democrática estábamos obligados a tomar una decisión: aceptábamos la imposición presidencial y nos sumábamos a la campaña oficial, o nos íbamos cabizbajos a nuestras casas… Optamos por aceptar los ofrecimientos de los partidos de oposición y es así como me convertí en candidato del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (que recién se había transformado de Partido Socialista de los Trabajadores) y del Partido Popular Socialista. A estos partidos se fueron sumando otros partidos sin registro y numerosas organizaciones políticas y sociales que, en conjunto, en enero de 1988 formaron el Frente Democrático Nacional (FDN). El Partido Mexicano Socialista se adhirió al FDN al declinar Heberto Castillo su candidatura en mi favor el 6 de junio, justo un mes antes del día de la elección.
[2] En ese entonces Comisión Federal Electoral estaba presidida por el secretario de Gobernación Manuel Bartlett Díaz.
[3] De la Madrid hace en su libro más que una "autorizada confirmación", una confesión de parte, como dicen ustedes los abogados, de que fue él quien en la tarde del 6 de julio de 1988, día de las elecciones federales, ordenó se dejara de dar información sobre cómo iban fluyendo los resultados electorales, porque estaban siendo favorables a mi candidatura, decisión que dio inicio a un masivo fraude electoral que se cometió no en perjuicio de mi persona, como con frecuencia se señala, sino en perjuicio de todos los ciudadanos del país y del país mismo… El 12 de julio, que fue el último día que se recibió información que se podía considerar medianamente confiable, pues había cada vez más evidencias de un fraude masivo y generalizado, se tenían computados 10 millones 355 mil 293 votos -54.09 por ciento del total-, de los cuales 21.38 por ciento era para el PAN, 35.76 para el PRI y 39.4 para el FDN, correspondientes a 30 mil casillas -54.5 por ciento del total de las instaladas en el país….Los datos de esas 25 mil restantes nunca fueron dados a conocer y nunca podrán conocerse, pues los paquetes con los votos de esa elección, que habían sido depositados en la Cámara de Diputados, según lo disponía la ley, se incineraron por acuerdo de las diputaciones del PRI y del PAN. Cuauhtémoc Cárdenas. La Jornada México D.F. 2 de abril de 2004. Conferencia en la Escuela Libre de Derecho. Puebla, Pue., 31 de marzo de 2004. Puebla
[4]  La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, privatización masiva de empresas estatales, incluida la banca; la implementación del Programa Nacional de Solidaridad, se restauraron las relaciones Iglesia-Estado y se establecieron relaciones diplomáticas con el Vaticano.