Páginas

sábado, 26 de enero de 2013

Se cuadruplican importaciones de maíz en 10 años; llegan a 2 mil 878 millones de dólares


Se cuadruplican importaciones de maíz en 10 años; llegan a 2 mil 878 millones de dólares

Roberto González Amador

■ Compras de productos agropecuarios se elevaron a 12,330 mdd, más del doble que hace una década

■ El país depende cada vez más del suministro de alimentos del exterior, según datos oficiales

En sólo una década, las importaciones mexicanas de maíz, el grano que está en la base de la pirámide alimenticia del país, se multiplicaron por cuatro, hasta alcanzar en el último año la cifra sin precedente de 2 mil 878 millones de dólares, unos 37 mil 400 millones de pesos, reveló información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

El país depende cada vez más del suministro de alimentos desde el exterior. La importaciones de productos agropecuarios, desde ganado a lácteos; de granos a frutos y semillas, se elevaron a 12 mil 330 millones de dólares el último año, cantidad que fue más del doble del valor de las compras al extranjero realizadas 10 años antes, estableció la información del organismo.

Este viernes, el Inegi dio a conocer que en 2012, la balanza del comercio exterior de México –la diferencia entre exportaciones e importaciones totales del país– fue superavitaria en 163 millones de dólares. En 2011, el saldo fue deficitario en mil 468 millones de dólares.

Mientras el saldo total del comercio exterior se mantiene con un ligero superávit, la importación de alimentos no ha parado de crecer, en un país en el que, como México, uno de cada cinco de sus habitantes vive en el campo.

La adquisición en el exterior de productos agropecuarios alcanzó 12 mil 330 millones de dólares el último año, aunque los datos del Inegi para el detalle de las importaciones en este rubro sólo está actualizado al mes de noviembre pasado. La adquisición en el extranjero de alimentos agropecuarios representa alrededor de una tercera parte de la importación total de bienes de consumo no petroleros, los cuales, el año pasado, alcanzaron 35 mil 603 millones de dólares.

Las compras en el exterior de maíz, un alimento cuyo origen es precisamente la región mesoamericana, se han multiplicado por cuatro en la última década.

En el último año, México pagó una factura al exterior por 2 mil 878 millones de dólares para traer maíz. El valor de esas importaciones multiplicó por cuatro la cifra que se registraba 10 años antes, que era de 644.3 millones de dólares, de acuerdo con los datos del Inegi.

Algo parecido ocurre con el frijol. Las importaciones de esta leguminosa, también de amplio consumo en varias regiones del país, sumaron 266 millones de dólares entre enero y noviembre de 2012, cantidad que multiplicó por cuatro las registradas en 2002, que fueron de 65.3 millones de dólares.

Entre enero y noviembre de 2012, la balanza comercial de productos agropecuarios (la diferencia entre exportación e importación de este tipo de bienes) fue deficitaria en 2 mil 345 millones de dólares, de acuerdo con el Inegi.

Según esos datos, el saldo deficitario de la balanza comercial de productos agropecuarios es ahora más del doble que hace una década. En 2002, apuntan los datos del Inegi, el comercio exterior de productos agropecuarios de México era deficitario en mil 18 millones de dólares.

Consulte www. Siclapueblanoticias.blogspot.mx

El territorio como espacio emancipatorio


El territorio como espacio emancipatorio

Raúl Zibechi

Los movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por indígenas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimación del modelo neoliberal. Desde sus territorios lanzaron formidables ofensivas que abrieron grietas en el sistema de partidos sobre el que se asienta la dominación y modificaron el escenario geopolítico regional. De modo directo e indirecto, influyeron en lo local, lo nacional, regional y global.

Han jugado y jugarán también un papel decisivo en la construcción de un mundo nuevo. Si ese mundo, como señala Immanuel Wallerstein ( La Jornada, 12 de enero de 2013), "será el resultado de una infinidad de acciones nanoscópicas", las "pequeñas mariposas" capaces de construirlo habitan territorios en los que resisten y en ellos pueden construir relaciones sociales diferentes a las hegemónicas. No es con manifestaciones ni declaraciones, por más masivas y necesarias que sean, como se crea el socialismo, sino con prácticas sociales en espacios concretos. Territorios en resistencia que son a la vez espacios en los que va naciendo lo nuevo.

Hasta ahí, son temas que hemos venido debatiendo en los últimos años. El capitalismo puede ser derrotado si somos capaces de expropiarle los medios de producción (y de cambio) en un largo proceso. Pero la cuestión no se agota allí. El sistema aprendió a desorganizar, diluir, cooptar y aniquilar por la fuerza (todo junto, no una u otra acción) a los sujetos nacidos y arraigados en la resistencia territorial. La combinación de fuerza bruta (militar y policial) con políticas sociales para "combatir la pobreza" es parte de esa estrategia de aniquilación.

Ante esta situación compleja y difícil, crece la tentación de replegarse de los territorios en los que nacieron múltiples sujetos colectivos, buscando lugares más propicios donde seguir creciendo. A veces se apuesta por lo sindical, otras a lo estudiantil y en otras por lo electoral. Un debate de este tipo atraviesa sobre todo a movimientos en Argentina, Chile, Paraguay y Perú, aunque está presente en casi todos los países.

Es cierto que lo territorial por sí solo no alcanza. Que debe incluir formas diferentes de hacer política donde la gente común decida y ejecute; que hace falta crear formas de poder distintas a las estatales; que para garantizar la autonomía territorial es imprescindible asegurar la sobrevivencia material, o sea salud, educación, vivienda y alimentación para todos y todas.

Pero no podemos olvidar que los territorios son claves para la lucha por un mundo nuevo por dos razones, digamos, estratégicas: se trata de crear espacios donde podamos garantizar la vida de los de abajo, en todas sus multifacéticas dimensiones; y porque la acumulación por despojo o guerra –que es el principal modo de acumulación del capitalismo actual– ha convertido a los movimientos territoriales en el núcleo de la resistencia. La mutación del capitalismo que conocemos como neoliberalismo es guerra contra la vida.

A ellas se podría agregar un tercer argumento: sólo es posible resistir "en" las relaciones tejidas en torno de valores de uso, ya sean materiales o simbólicos. Si sólo nos movemos en las esferas de los valores de cambio, nos limitamos a reproducir lo que hay. Cerrados los "poros" de la vida en las fábricas por el posfordismo, es en los territorios, barrios, comunidades o periferias urbanas donde –aun esos mismos trabajadores– se vinculan entre sí en formas de reciprocidad, ayuda mutua y cooperación que son relaciones sociales moldeadas en torno del intercambio de valores de uso.

No es una cuestión teórica y por lo tanto sólo se puede "mostrar". Se conoce y se practica, o no se entiende. Resistir hoy es proteger la vida y construir vida en territorios controlados colectivamente. El punto es que si abandonamos los territorios, ganaron los de arriba. Y en este punto no hay dos caminos. Sólo queda hacerse fuertes y autónomos allí, neutralizando las políticas sociales que quieren destruir lo colectivo "salvando" al pobre individualmente.

El pueblo mapuche resiste desde hace cinco siglos aferrándose a sus territorios. Así derrotaron a los conquistadores españoles, y en ellos se repusieron de la derrota que les infligió la República criolla en la guerra de exterminio conocida como "Pacificación de la Araucanía" en la segunda mitad del siglo XIX. En sus territorios aguantaron el diluvio de la dictadura pinochetista y las políticas "antiterroristas" de la democracia, debidamente condimentadas con "políticas sociales" para someter con migajas lo que no pudieron con palos.

No es la excepción sino la regla. Chiapas, Cauca, Cajamarca donde se resiste el Proyecto Conga, Belo Monte, El Alto o el conurbano de Buenos Aires, entre muchos otros, muestran que la combinación de guerra y domesticación son los modos de esterilizar las resistencias. Lo que diferencia esos territorios es que allí existen los modos de vida heterogéneos sobre los cuales es posible crear algo distinto a lo hegemónico. No nos engañemos: esa posibilidad no existe hoy ni en las fábricas ni en los demás lugares donde todo son valores de cambio, desde el tiempo hasta las personas.

Por eso las políticas sociales se han territorializado, porque los gestores del capital percibieron que allí venían perdiendo pie ante el nacimiento de sujetos integrados por los que no tienen nada que perder: mujeres, hombres y jóvenes sin futuro en este sistema, aquellos que por el color de su piel, su cultura y su modo de ser no tienen cabida en las instituciones, ni siquiera en las que se reclaman de izquierda o defensoras de los trabajadores. Allí sólo existen como "representados", o sea como ausentes.

No hay alternativas al trabajo territorial, ni atajos para hacer más corto y soportable el camino. La experiencia reciente muestra que es posible doblegar el cerco del sistema contra nuestros territorios, superar el aislamiento, sobrevivir y seguir adelante. Persistir o no, es una cuestión de pura voluntad.

Consulte www. Siclapueblanoticias.blogspot.mx