Páginas

martes, 13 de marzo de 2012

El movimiento en Psicología, marzo de 2012. SUNTUAP

Editorial
Pueden verse en youtube (movimiento regeneracion psicologia buap), los videos que los muchachos han subido a la red para demostrar, contundentemente, que por lo menos el  70% de ellos no aprueba –para decirlo así suavemente- ni los métodos, ni los tiempos, ni los criterios que fueron utilizados para formular y emitir la convocatoria bajo la cual se pretende elegir director de la Facultad de Psicología.
Las razones por las cuales repudian el proceso, según lo señalan en sus visitas a los salones, en las concentraciones masivas  y en las entrevistas, son varias, bastante entendibles y de mucho peso. Una de ellas, quizá la de mayor fondo, es que el grupo que está en el poder quiere perpetuarse otros tantos años en la dirección, lanzando como candidato nada menos que al licenciado en psicología Vicente Martínez, quien durante los últimos 8 años ha ocupado el cargo de secretario administrativo de la Facultad, dedicándose no sólo a avalar la desastrosa gestión de su jefe -quien no supo o no quiso reponer las más de 30 plazas de tiempo completo de los académicos que optaron por jubilarse, y con lo cual, de paso, ya no dieron sustento productivo para que la licenciatura conservara la acreditación profesional-, sino también a darle gusto a la improvisación, atiborrando salones de bancas y de alumnos, y haciendo imposible con ese hacinamiento un acto digno de pedagogía, aunque para sus adentros quizá a cada inicio de cuatrimestre gritaba: ¡viva la antipedagogía!. Bueno, siendo justos con él, dicen los propios alumnos que en honor a la verdad, cuando ha pasado a sus grupos él mismo dice, “ah, caray, aquí hace mucho calor; ahora que sea director les voy a mandar poner un ventilador bien chido, já”. Al final de su visita ellos no sabían si tenían en frente al profesor morfema, a un conquistador que ofrecía espejitos a cambio de votos, digo de oro, o a un verdadero candidato que hacía todo su esfuerzo por cuajar propuestas académicas de fondo.  
Bien, la otra razón de peso que esgrimen los estudiantes es que desde el año pasado, como es el clásico madruguete dentro del pri, Vicente y su equipo empezaron a pasar a los grupos para recolectar firmas de apoyo a su candidatura, cuando todavía ni por asomo salía la convocatoria, ni sabía él si iba o no a cumplir con los requisitos. Ahora que ya está abierto el proceso los alumnos se dan cuenta que eso fue una vil manipulación, un engaño imperdonable, pues Vicente, teniendo grado de licenciado, sabe que ese nivel no le alcanza para obtener la categoría de Titular, como tampoco sus argumentos le alcanzan ahora para explicar el cómo y el porqué le transformaron su plaza.
De parte de los profesores que registraron su candidatura en condiciones de absoluta desigualdad, y uno más cuya petición de registro le fue denegada, a pesar de que la ley de la universidad lo avala, ha salido un excelente propuesta para Vicente, que de aceptarla daría una digna salida al ya entrampado y cuestionado proceso, a saber: que renuncie a la candidatura para que las autoridades vuelvan a emitir la convocatoria con apego a la ley, y quien resulte ganador ejerza la dirección con entera legitimidad. La Facultad de Psicología y la Universidad lo merecen. 

DOBLE VIOLACION A LOS DERECHOS DE LOS UNIVERSITARIOS. SUNTUAP

Sólo dos años después que el gobierno priísta de Mariano Piña Olaya consumara el golpe contra la UAP deponiendo al rector electo por los universitarios,  fue impuesto en  la rectoría  de nuestra Universidad José Doger Corte  por el anquilosado partido que  ocupó la presidencia del país durante setenta años y con él el nuevo modelo de Universidad que hasta la fecha padecemos los universitarios y la sociedad poblana en su conjunto. Desde entonces se ha repetido una y otra vez el discurso de excelencia académica de la Universidad Pública poblana, como un modelo a seguir. Hoy se habla de la totalidad de programas académicos certificados como un argumento para obtener recursos del estado. Lo que no se dice, sin embargo, es que ese discurso de calidad de excelencia  se ha construido sobre la base de la violación a los derechos laborales y políticos de los estudiantes, profesores y trabajadores universitarios.  Véamos
En 1991, siguiendo instrucciones de sus asesores norteamericanos, José Doger hizo desaparecer los exámenes por oposición y todo procedimiento contractual e institucional de admisión, permanencia y promoción del personal académico y no académico, para monopolizar la contratación y la promoción de todo el personal universitario como un medio para imponer y conseguir la incondicionalidad de los directores de las unidades académicas y dependencias universitarias. A partir de entonces  la contratación de profesores y trabajadores se ha basado en criterios clientelares y nepotistas, más que académicos y profesionales.  Súbitamente la universidad se llenó de familiares de rectores y directores, así como ex funcionarios priistas que intempestivamente ocuparon puestos y privilegios de primer nivel, mientras que los verdaderos académicos que no aceptaban apoyar a los candidatos del rector en turno, eran relegados a ocupar plazas hora clase o de medio tiempo.  Hoy en nuestra Universidad, a diferencia de la década de los ochenta en que la mayoría de personal docente y de investigación era de carrera, más de la mitad del personal académico tiene que firmar contratos periódicamente sujetos a  al capricho de los directores.  El control político que ha ejercido sobre la Universidad el PRI a través de los últimos tres rectores, explica porque no se aplica el Reglamento de Ingreso, Permanencia y Promoción del Personal Académico (RIPPPA) aprobado en 2007 por la presión de la SEP para que la administración universitaria  siguiera recibiendo recursos extraordinarios. 
Los funcionarios universitarios sólo recuerdan que existe el RIPPPA cuando se trata de obstaculizar a los académicos que han reclamado su derecho a ser promovidos de categoría por haber reunido los requisitos de grado, antigüedad y calidad académica, mientras que es práctica común que se promueva a plazas titulares de profesor investigador de la noche a la mañana a personajes de nula trayectoria y calidad académica, pero de reconocida  incondicionalidad política, cuando está en puerta una elección de director o de rector, tal como hoy sucede en la Facultad de Psicología y como ha sucedido incontables veces en las administraciones de José y Enrique Doger y hoy de Enrique Agüera.  En pocas palabras,  desde 1991 a la fecha, se ha privilegiado el control político, aunque ello implique  poner al frente de las Unidades Académicas a individuos  mediocres y sin trayectoria académica, repudiados por sus comunidades de estudiantes y profesores, en lugar de permitir que  sean dirigidas por académicos comprometidos con su trabajo y con criterio propio e independiente.  Las consecuencias de estas nefastas prácticas las están padeciendo los académicos que han sido marginados y en algunos casos reprimidos, pero principalmente por los alumnos de las unidades académicas que son víctimas de verdaderos fraudes académicos con todo y los programas certificados, quienes al buscar trabajo se enfrentan a la desigual competencia de egresados  mejor preparados de otras instituciones.
Ante la necesidad, que se apliquen criterios institucionales de  admisión, permanencia y promoción del personal académico y no académico de la Universidad,  es indudable que la movilización que hoy realizan los estudiantes de Psicología es saludable, pero no suficiente,  pues el origen de esta situación está en el desconocimiento que han hecho las administraciones universitarias  del Contrato Colectivo de Trabajo del SUNTUAP, y que muy a su pesar, conserva su vigencia.